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Entradas

El cumpleaños del mundo

         Ayer, justamente ayer, el mundo cumplió 6012 años. Lo que yo te diga a ti. Y el personal sin enterarse. Con lo bien que nos hubiera venido un día de fiesta, celebración de tan magna efeméride, con sus fuegos de artificio y todo, en estos momentos de pesimismo patrio, pesimismo tan grande como los atascos festivos que se producirán en las carreteras el puente de todos los santos: a ver cómo se conjuga eso con el llanto, majestad. Oiga, que lo del cumpleaños del mundo no lo digo yo; quien lo refiere es uno de los más inmensos talentos que ha dado la especie, humana, se entiende, Stephen Hawking, en su impactante obra, “El gran diseño”: “El obispo Ussher, primado de toda Irlanda desde 1625 hasta 1656, situó el origen del mundo con mayor precisión todavía, a las 9 de la mañana del 27 de octubre del año 4004 a. C.” Con un par. Y si lo dice el señor obispo, a ver quién es el guapo que lo pone en duda. Imagino yo que el buen hombre haría sus...

Fidel, Monago, Victorino

    Ha circulando un rumor sobre Fidel Castro, que si está muy malito y tal; incluso se ha llegado a decir que había muerto. Sea o no verdad el rumor, lo cierto es que el día que Fidel se muera, además de un dictador, o tirano, o como ustedes quieran, además de un brillantísimo hispanohablante (no hispanoparlante, horror), se morirá el único hombre que ha sido capaz de hacer discursos de hasta ocho horas de duración. Pero no se preocupen: tal que dijera Alfonso Guerra, en política los vacíos se llenan de inmediato. Ya está preparado el sustituto. Me refiero a lo de los discursos inacabables, claro: el gobernador de Extremadura, o sea, el señor Monago.      Sucedió en Plasencia, jueves 18, solemne acto de entrega de los premios “Extremeños de HOY”. Finalizada la alocución del director de esta casa, “a continuación, tiene la palabra el presidente del gobierno de Extremadura”. No sé si ha acabado todavía. Cinco horas estuvo hablando el buen hombre. Al ...

Los Antonios del HOY

     El día que me enteré de que los Antonios, A. Huertas y A. Núñez, habían sido nombrados, a la vez, presidente y vicepresidente de Mapfre, respectivamente, pensé: impresionante; uno de los grupos financieros más importantes del país,   implantado en medio mundo, en manos de dos extremeños; el uno de Villanueva de la Serena, el otro de Casar de Cáceres, mi pueblo. No me digan ustedes que eso pasa todos los días. No señor, eso algo absolutamente excepcional. En ese instante, ni se me pasó por la cabeza lo de los premios del HOY. Sin embargo, cuando supe que les habían sido concedidos, ex aequo, lo tuve clarísimo: imposible, de todo punto, encontrar dos personas que lo merezcan tanto, en esa faceta, claro es.   Al presidente, Huertas, le he visto un par de veces. Las suficientes para saber que le podría comprar con tranquilidad un coche de segunda mano: uno es capaz de conocer a las personas, tantos años de oficio, hasta por la forma de andar. “Italia est...

La decadencia

    Dios mío, la que ha liado el juez Pedraz, el “pijo ácrata”, que le llamase uno del PP, con eso de la “decadencia de la denominada clase política”. Este hombre no sabe en qué mundo vive. Hablar de ‘decadencia’ precisamente ahora, que tenemos en la política a las mejores cabezas del país, me parece una muestra de desconocimiento absoluto de la realidad. “España es un país lleno de talento”, ha dicho don Valentín Fuster, el gran cardiólogo e investigador, que algo sabe del particular. Pues bien, lo mejor de esos talentos se han dedicado y se dedican a la nobilísima tarea política, o sea, a trabajar por el bien de los   demás, abnegadamente, que no en su propio beneficio, ni muchísimo menos. Lo que yo le diga, señor juez. Y usted sin enterarse. Usted, señor Pedraz, no sabe que los políticos de las últimos tiempos saben todos leer y escribir, e incluso algunos saben hacer cuentas de dividir (por dos), cosa que nunca aprendiese (lo dice sin rubor) el gran poeta Pab...

De monaguillos y altares

    Sí, ya sé que muchos preferirían que escribiese sobre cosas domésticas, que les diese caña, un suponer, al señor Monago y sus ‘monaguillos’, pero ustedes perdonen que siguiendo las enseñanzas del maestro, -Umbral, quién va a ser-, uno no dedique su pluma a personajes que andan medio sonados, los pobres. (Umbral, sí, ni una sola vez escribió el nombre de un eximio extremeño que fuera presidente del Senado, uno muy alto, muy guapo, muy cachas, uno de aquellos que le ponían enfrente al señor Ibarra: así cualquiera, lumbrera.) Fíjense cómo andarán de mal los ‘monaguillos’, que,   anteayer mismo, el consejero de Sanidad volvió sobre sus pasos para saludar a este humilde médico-escribiente, luego de haberse adentrado en el restaurante, en cuyo bar me tomaba unos vasos con unos amigos: que le gusta mucho lo que escribo y tal. Yo no me lo creo. No me creo que le guste leer las cosas que he dicho, repetidamente, en estas páginas: que hay que cerrar, ¡ya!, la asamblea;...

En el tiempo de la infamia

   Así se intitula la obra del paisano Doncel, el malpartideño Diego Doncel, con la que acaba de obtener el premio Café Gijón de novela, y que leeré en cuanto llegue a mis manos. “Los intelectuales tienen que levantar la voz”, ha dicho el recién premiado. Intelectuales, infamia; infamia, intelectuales: ¿de qué me sonarán a mí, juntas, esas dos palabras? Y así me pasé media mañana, bulléndome ambos conceptos en la mollera del inconsciente, que por lo visto es el encargado de todo lo que pensamos cuando no pensamos.    Lo primero que se me vino a la frente es lo de Pío Baroja: “Da como un poco de vergüenza llamarse uno intelectual a sí mismo”. Y tanto. Y sigue la cosa: intelectuales, infamia; infamia, intelectuales. Y de pronto, la mezcla más ominosa: la repugnante connivencia de la intelectualidad europea, un tal Sartre a la cabeza, con los crímenes de la pareja de criminales más grandes de la historia, Lenin-Stalin.    Infamia, intelectuales; inte...

El nieto como terapia

   Creo que ya les conté, y si no se lo cuento ahora, aquello que le dijo Jorge Guillén a Umbral (las montañas se comunican por las cumbres, dijera Nietzsche): “Estoy dudando si meter o no la palabra nieto en un poema”. Cosas de poeta. Pues mira tú por dónde, yo no tengo ningún empacho, sino todo lo contrario, en hablar de los nietos: los míos y los ajenos. Claro, que yo de poeta tengo poco. Oiga usted: que Bob Dylan y Mike Jagger hace mucho que son abuelos y ahí siguen en el ‘candelabro’. Es que, por si faltaba algo, he descubierto una nueva faceta en los nietos: la propiedad terapéutica.   Me explico. Como médico, yo no he visto nunca a un viejo más desolado que aquel al que, por esos odiosos conflictos de familia, se le hurta la presencia de un nieto. Podría contarles historias sin fin, pero no creo que haga falta, pues que ustedes conocerán más de una. Por el contrario, jamás he visto a un viejo más exultante que cuando acude a la consulta acompañado de un niet...