“Alqueva, el mayor embalse de Europa, empieza a desembalsar por cuarta vez en su historia”. HOY, 30 de enero. No me digan que no es una noticia ‘refrescante’, en medio de tanta catástrofe, esas desgracias que tarde o temprano acaban produciéndose en cualquier lugar del mundo: acuérdense del choque de dos aviones en Barajas, o del de Los Rodeos en Tenerife, por no hablar del AVE compostelano, y así. Obvio es decir que las catástrofes no dependen sólo de lo catastrófico que sea el gobierno del país donde se producen. Es que si de eso dependiera, a nosotros nos correspondería una diaria, gobernados que estamos por lo peorcito de cada casa. ¡Con la cantidad de españoles que hay con la preparación necesaria y suficiente para la labor, y va Pedro Craxi, perdón, Betino Sánchez y elige a los últimos de la clase! Vivir para ver. A lo que vamos. Que está lloviendo a modo y que no estoy dispuesto a quejarme de la lluvia, así esté cayendo agua hasta el día de mi cumpleaños. ¿Que c...
Cada uno cuenta la feria como le va y éste es el relato de la mía. Dos veces he viajado en trenes de mucha velocidad. La primera, entre Madrid y Zaragoza, un tren que no llegaba a AVE, un Alvia que no pasó de 200 Km/h. La sensación de poderío, comodidad y seguridad fue absoluta. La pena es que el viaje hubiéramos de hacerlo de madrugada (el entierro de mi tía era por la mañana), pues que, de haber sido el viaje de día, a esa velocidad, podríamos haber disfrutado del paisaje, que es una de las cosas que más me gustan cuando voy en tren o en autobús, aunque el viaje dure diez horas. La segunda vez fue entre Madrid y Barcelona, en un AVE pata negra. Ni que decir tiene que, al ser la primera vez, estábamos como niños con botas katiuscas nuevas. Entusiasta en grado sumo que soy de los avances de la técnica (Ortega no usó jamás la palabra tecnología, vocablo que podemos encontrar hoy en cualquier sopa), mi euforia fue creciendo al tiempo que lo hacía la velocidad de tan impresionan...