Ir al contenido principal

De sabios y tarjeteros


 

  Con la milagrosa asistencia de Stephen Hawking, el último gran genio de la ciencia, no ha muchos días se ha celebrado en Las Canarias un congreso mundial sobre astrofísica. La noticia me hizo pensar de inmediato en la gran suerte que tienen los estudiantes de ahora. No como yo, que me pasé media vida con la pena de que todas los grandes talentos que en el mundo han sido, lo fueron en el pasado: Eratóstenes, Arquímedes, Fidias, Galileo, Leonardo, Miguel Ángel, Cervantes, Velázquez, Newton, Goya, Cajal y por ahí seguido. Media vida, ya digo, hasta que me enteré de que Einstein, la más grande inteligencia que vieran los siglos, había sido mi coetáneo durante cuatro años (perdón, don Camilo, ya sé que Einstein y Quevedo no son magnitudes comparables, pero yo me quedo con don Alberto). Idólatra  irredento de los grandes talentos, no saben ustedes lo contento que me puse: ya estaba bien de que todos los portentos fuesen antepasados.

  Lo dicho para Einstein sirve para casi todos los genios del átomo, que eran unos ‘chavales’ cuando a mí me fue enseñado lo suyo, Heisenberg, un suponer, cuyo “principio de incertidumbre, o indeterminación” tendría una repercusión extraordinaria, no sólo en el campo de la física, sino en la filosofía. Creyéndole antepasado, un día me entero de que ¡tuvimos un ‘amigo’ común! Me explico. Recordando que una vez le estrechase la mano a Santiago Carrillo, conferencia “Aula HOY”, Cáceres, de pronto pensé que aquella misma mano había sido estrechada por uno de los más grandes tiranos de la historia: Stalin. Pues bien, salvando las distancias, algo parecido me sucedió con Heisenberg, esta vez con la intermediación del ‘amigo’ común, don Jesús Aguirre, XVIII duque de Alba. O mejor, tal que le sucediese a don Ramón Carande, que presumía de haber hablado con un señor que había conocido a Napoleón. 

  “Es sabido que don Jesús Aguirre es una persona muy culta, pero también es cierto que la tortura está prohibida por la Constitución. Como vuelvan ustedes a publicar un artículo como ése, les denunciaré ante el tribunal europeo de derechos humanos”, me publicó El País, cartas al director, primeros años noventa. El artículo en cuestión era, en efecto, una cosa insufrible. No le debió de gustar mucho lo mío al señor duque, pues que en la respuesta ‘entró con todo’, que dicen los del fútbol: “Al buen señor de Cáceres, don Agapito Gómez Villa”, seguido de una lista interminable de nombres de personalidades relevantes que le rendían admiración. Bien, lo cierto y verdad es que no volvió a publicar ni un artículo más. Cuál no sería mi sorpresa cuando en “Aguirre el magnífico”, del magnífico M. Vicent, me topo con lo siguiente: “En Múnich conocí a Heisenberg”, que al enterarse de que don Jesús vivía en el colegio Giorgianum, le contaría que en la terraza de dicho edificio le tocó hacer guardia la noche hitleriana de los ‘cuchillos largos’. O sea, que Heisenberg, una de las cumbres del pensamiento, no sólo no fue un antepasado (murió en 1.976), sino que había tenido contacto con un buen ‘amigo’, don Jesús Aguirre, XVIII duque de Alba.

  Oiga, ¿es que no va usted a decir nada de los tarjeteros? Calle usted: cómo quiere que hable de esos pobres ignorantes en un artículo plagado de sabios. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL SEXO CUÁNTICO

Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...

MUFACE Y LA MINISTRA IGNORANTE

Me lo dijo mi dilecto amigo, Manuel Encinas, más de cuatro décadas ya: “Abre la consulta”. Y como el consejo venía de una persona que tenía muchos dedos mentales de frente, abrí la consulta. Total, que toda la vida he trabajado para la seguridad social y para MUFACE, el funcionariado, mayormente de la docencia. Incluso me dio tiempo de ser médico de la institución penitenciaria, diez años. O sea, que conozco el paño como el primero. Por eso, cuando el otro día leí que la ministra de sanidad mostraba su decepción por la continuidad de MUFACE, me dije para mí: “Esta mujer no sabe lo que dice”. Nadie discute que el sistema nacional de salud, la seguridad social de toda la vida, es de lo mejorcito que hay por esos mundos de Dios: gracias al sistema MIR, claro, que no es otro el secreto. Pero no es menos cierto que, teniendo como tiene el funcionariado la posibilidad de elegir entre el sistema nacional y el de MUFACE, al iniciar su andadura profesional, y una vez al año para cambiars...

EL PINGANILLO Y EL FILÓSOFO PANDÉMICO

EL PINGANILLO Y EL FILÓSOFO PANDÉMICO Agapito Gómez Villa Sucedió hace tres quinquenios en la llamada Cámara Alta, ese ente inservible que nos cuesta 5.000 millones al año (ni con mayoría absoluta de la oposición sirve para mojarle la oreja a Sánchez), cuando José Montilla, andaluz de Iznájar, Cordoba, presidente a la sazón de la Generalidad de Cataluña, perdón, Catalunya, se dirigió a la concurrencia en un ‘perfecto’ catalán (malas lenguas dicen que cuando tiene que escribir algo en público, le pasan antes una chuleta). Entre los senadores, Manuel Chaves, andaluz de Sevilla nacido en Ceuta, escuchaba atento, pinganillo mediante, a su paisano José. Aquel día me dije: están locos. Amable lector: “Demuéstrame que no tengo razón”, que decía el joven americano recién asesinado. Que un sevillano se viera obligado a usar un auricular para entender a un cordobés (16 años tenía cuando su familia emigró a Cataluña), es muy fuerte. Ni que decir tiene que ...