De viaje por uno de esos países de las auroras boreales, uno de esos países que se acaban de incorporar a la civilización (qué son un par de siglos, comparados con los 3000 años de Cádiz, un suponer), les decía que de visita a un país de los que llegan más allá del círculo polar ártico, me encuentro, en mitad de una gran explanada circundada de bellos edificios, con un grupo de pequeños altares erigidos en memoria del celebérrimo y celebrado escultor vasco, Eduardo Chillida, centenario de su nacimiento. De inmediato, me viene a la cabeza otro vasco, Mikel Oyarzábal, y no precisamente, que también, porque el primero fuese algún tiempo jugador de la Real Sociedad (llegó a jugar un puñado de partidos), sino por otra cosa mucho más desagradable.
En efecto, el escultor, vasco hasta la médula (su fenotipo podría ponerse como prototipo del vasco de pura cepa), fue amenazado por el grupo terrorista, debido a su rechazo frontal de la violencia. Las amenazas no llegaron al daño personal, pero sí a su obra más emblemática, “El peine del viento”, en cuyos hierros aparecieron pinturas proetarras.
¿Que cuál ha sido la acción ‘antivasca’ del joven futbolista? Algo muy gordo: Oyarzábal tuvo la osadía de marcar el gol que daba la victoria a la selección española en la Eurocopa, el domingo pasado. A quién se le ocurre. Pues nada: pinturas amenazantes al canto, no sólo para el, también para Mikel Merino, que marcase un gol espectacular a la selección de Alemania. “Fuego a los traidores”, han escrito para ambos.
Por supuesto que hay una enorme diferencia entre ambas épocas. Cuando lo de Chillida, eta mataba todas las semanas, mientras que ahora, la cosa no va a pasar de una burda amenaza, a cargo de unos descerebrados (me temo que si la organización separatista se lo mandase, no dudarían en convertirse en ´héroes´, apretando de nuevo el gatillo).
En el mismo orden de cosas, que diría cualquier periodista aficionado a los tópicos, habría que incluir lo de Carvajal, el buen defensa del Real Madrid y de la selección campeona de Europa. Como saben, el jugador cometió el terrible pecado de saludar con displicencia a Pedro Sánchez: no lo anduvo ni mirando a la cara. Al parecer, hijo de policía nacional que es, esa ha sido la manera de manifestarle al presidente el malestar del entorno familiar por el trato a dicho cuerpo de seguridad. Lo que pasa es que las amenazas en este caso no proceden de ningún grupo terrorista, sino del llamado “diario gubernamental”, que así le llaman a El País, al que le ha faltado tiempo para iniciar una persecución del jugador en forma de investigación patrimonial.
En resumidas cuentas: si execrable me parece lo de los etarras con los futbolistas vascos por haber defendido los colores de la selección nacional, no menos deplorable se me antoja que un poderoso grupo mediático la emprenda contra un defensa que saluda con desprecio al presidente. ‘Pos’ anda, que no hay gente que hubiera hecho lo mismo.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...