El domingo pasado hablé de la presentación en sociedad de “Los grandes proyectos de desarrollo de Extremadura”, entre los cuales tuvo su espacio el Buda cacereño, como potente motor turístico de la ciudad, supongo. En el acto salieron a relucir, claro es, las muchas dificultades que estaban teniendo los nepalíes para llevar a cabo sus pretensiones. Y es aquí cuando el ponente se preguntó que qué rayos nos pasa a los extremeños, que en cuanto una innovación aparece en lontananza, surgen de inmediato los antagonistas, con sus contaminaciones: ideológicas o de las otras. En lo que al Buda respecta, parece ser que los seguidores de esa “religión sin dios” contaminan una enormidad: lo dejan todo perdido de átomos budistas, muy radiactivos al parecer.
Pues mira tú por dónde, justo una semana después aparece en el periódico lo que uno ya venía barruntando: la muerte del proyecto budista. Ante las inasumibles pretensiones económicas de los dueños de la última ubicación elegida, los nepalíes se van con la música a otra parte. O sea, que se acabó lo que se daba: la posibilidad de atraer hacia Cáceres a visitantes de todos los confines. Una pregunta inocente: ¿se romperá la hermandad entre Cáceres y Lumbini, o seguirán hermanadas para siempre?
En fin, que muerto el Buda cacereño, aquí viene lo mío. Se lo dije, no ha mucho, a mi bella comadre, Aurita, ‘budista’ de Sabina en grado sumo, que lo recibió con gran contento: voy a construir una sencilla ermita laica en honor de Joaquín (fui de los primeros sabinianos del mundo, consúltese hemeroteca), al modo de las de Bob Marley, Elvis, Maradona y por ahí. Seguro estoy de que, andando el tiempo, miles de admiradores del cantante-poeta, o al revés (“De Gonzalo de Berceo a Sabina”, Andrés Amorós), les decía que, en cuanto esté terminada la ermita, innúmeros sabinistas del orbe todo acudirán en peregrinación a Cáceres. Ya lo verán. Sin ánimo de ofender, intuyo que el día que Joaquín se entregue su alma a sí mismo (“Sabina es dios”, dijo Pepe Viyuela, ese actor que no tiene un pelo de tonto), habrá dos grandes rutas de peregrinaje: el camino de Santiago y el camino de Sabina. Al tiempo.
¿Que dónde estará ubicada la capilla? En un pequeño paraíso de mi propiedad, todo de peñas milenarias, encinas centenarias y escobas selváticas, situado a 10 Km al poniente de mi pueblo, el Casar, no muy lejos de dos santuarios, el de la Virgen Del Prado, patrona de los casareños, y el de Altagracia, virgen de los garrovillanos. Digo lo de los santuarios marianos, no sólo como orientación, sino para decir que no creo que los devotos de las vírgenes se opongan a la construcción de la humilde ermita-mausoleo, pues que se puede ser budista y cristiano a un tiempo (léase a Borges), así como islamista y sabinista, claro es (el islamismo pronto será predominante). Lo cual que el sabinismo bien podría convertirse en el bendito nexo común de todos los creyentes del mundo. Demos gracias a Joaquín ‘nuestro dios’.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...