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Pesimismo geriátrico

  Por un artículo publicado en estas páginas, la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, gracias a su presidente, profesor J. F. Macías Núñez, me acaba de dar un nombramiento honorífico, el mismo que le ha sido concedido al actor Juan Antonio Quintana, un ‘señor mayor’ que habrán visto en la tele y que prestó su ayuda para un vídeo sobre la atención al anciano. Lo mío ha sido, ya digo por un artículo encomiástico sobre una especialidad médica como la copa de un pino: la geriatría (cuatro años de formación MIR). Y aquí estoy, en Pamplona, sede del cónclave geriátrico, tan contento con mi flamante galardón. Gracias por su felicitación. Pero lo mío es lo de menos. Lo “de más” es que sigue lloviendo sobre mojado.   Resulta que acaba de publicarse que España es el segundo país de Europa en esperanza de vida, lo que, traducido al román paladino, quiere decir que España es un país donde hay muchos viejos. Y más que va a haber. Pues hete aquí, en habiendo unos profesionales h...

García Márquez en Cataluña

Dentro de unos días se nos morirá García Márquez. Así tenía pensado principiar este escrito, lo juro. Pero el hombre no me ha esperado. Su muerte me ha cogido enfrascado, qué casualidad, en la lectura de “El amor en los tiempos del cólera”, obra preferida del autor: “Así somos nosotros”. De García Márquez ya se ha dicho todo, tiempo ha. Yo sólo quisiera decir que su prosa es mucho mejor que la de los ángeles, que dudo yo que alguno pudiera escribir tan bien como él, si los ángeles supieran escribir, que está por demostrar. Yo lo que quería y quiero es, aprovechando la noticia de su fallecimiento, abrir una nueva vía de ‘escape’. Procedamos, pues.  Dijo una vez el gran Cela (me gusta codearme con gente importante) que las traducciones tendrían que estar prohibidas. La cosa no deja de ser una descomunal exageración, propia del personaje. Pero, claro, en el sentido que él lo dijo, no le faltaba su puntito de razón. ¿Se imaginan ustedes a los personajes de “La familia de Pas...

Una guitarra y un Cristo

       Un cura irlandés monta el pollo cuando oficiaba una boda, y a continuación incendia las redes sociales, al cantar el Aleluya de Leonard Cohen, enterito y a todo pulmón. La noticia no es tanto por la canción, obra de un curita laico, Cohen, sino porque el señor sacerdote canta que te mueres (detesto la escatología, en su versión repugnante). El Aleluya de Cohen es, no podía ser de otra manera viniendo de un místico, una canción que pegaría bien en cualquier templo del mundo, pues que parece pensada para ello; mucho más apropiada, dónde va a parar, que las adaptaciones litúrgico-guitarreras de Dylan, Simon y Garfunkel, los Beatles et al, con las que algunos jóvenes (y ‘jóvenas’) obsequian a la feligresía, so capa de modernez: ya saben, las célebres “guitarras parroquiales” que dijese Alfonso Ussía. Como si a la iglesia no le sobrasen partituras musicales espléndidas para cualquier cometido.    Lo del cura irlandés me ha venido al pelo:...

Risitas "El Egipcio"

    Hoy, lo lógico habría sido glosar lo de Esperanza, pero yo he preferido tratar un asunto muy distinto. Vámonos.    Una televisión egipcia ha tenido la ocurrencia de utilizar al Risitas para zaherir, insultar, vituperar, ridiculizar, todo eso, a un político, perdedor, claro, Al Si-Si, o algo así se llama. Al hilarante relato (descacharrante más bien) de las sartenes que se llevó la marea, le han puesto, a modo de subtítulo, las maledicencias contra el referido político, y se ha montado el pollo. Lo cual que he vuelto a ver la grabación y he vuelto a llorar de risas. Igual que llora de risas Jesús Quintero. Igual que habrán llorado de risas, en árabe, por supuesto, los millones de espectadores que han visto las imágenes, que por lo visto son legiones (lo de legiones es por Marco Antonio, cuando fue a trajinarse a Cleopatra). Cosas de las “neuronas espejo”, ese milagro de la neurología (presente ya en otras especies) que valió un premio Nobel de Medicina...

Lo que le ha faltado a Suárez

    Impresionantes las exequias, fúnebres, claro, que no sé si hay otras, de Adolfo Suárez. Sobre todo, el homenaje de la ciudadanía. De lo cual me alegro cantidad: el personaje, además de su trascendente labor como político (trascendental quedaría excesivamente trascendental), era una bella persona, lo que uno ha dado en llamar “biológicamente bueno”, y yo tengo una debilidad innata hacia las buenas personas (a los bichos malos, ni en puntura). Lo de Suárez, pues, ha quedado visto para sentencia, o sea, que ha sido dicho todo lo que había que decir. O casi todo. Una cosa he echado de menos, empero, en el maratón informativo dedicado a la agonía, muerte y entierro de don Adolfo: la ausencia de la eta en los funerales, banda criminal que tantos funerales causó cuando la presidencia del difunto. Uno, claro, no ha estado pendiente a todas horas de los miles de cadenas televisivas, pero en los ratos dedicados al menester, no ha visto aparecer a la eta por parte alguna. ...

La ambulancia y Suárez

   Hoy tocaba hablar de la ambulancia: la que presuntamente le fuera denegada a la niña de tres años que luego muriese por “una simple varicela”, según he leído en un periódico, no recuerdo cuál, tanto da. Hay que joderse y agarrarse para no caerse: como si la varicela no fuese capaz de producir (excepcionalmente, por fortuna) una convulsión en el sistema inmunológico y llevar a la muerte por una sepsis bacteriana, como sucedió en este caso. Hoy tocaba hablar, ya digo, de cómo un titular periodístico malintencionado (con intenciones aviesamente sensacionalistas) es capaz de levantar una polvareda inmensa, que, como tal polvareda, se ha disipado en cuanto ha pasado un vientecillo con la verdad. “Muere una niña del Condado de Treviño tras serle denegada una ambulancia de Vitoria”. ¿Qué entendió todo el mundo cuando leyó la noticia? Está claro: que la niña murió por la falta de una ambulancia, negada por ser de otra comunidad autónoma. Mentira cochina. No hubo denegación de a...

¿Preguntar es ofender?

    Un astrofísico canadiense, Scott Tremaine, que trabaja en la misma institución donde trabajase el gran Einstein, ha declarado, perdón, ha aseverado (verbo de moda entre los jóvenes periodistas) que la Tierra sería invisible desde la estrella más cercana. Pero hombre, señor astrofísico, eso es como decir que en verano hace más calor que en invierno. Cómo no va a ser invisible, si nuestro planeta apenas se entrevé desde la casa de un vecino, Saturno, el del asombroso anillo, que lo veo yo con mi humilde telescopio en las noches veraniegas de mi pueblo. En efecto, desde las inmediaciones de Saturno, hemos sido retratados por una sonda espacial y aparecemos como un insignificante puntito de luz: “un grano de polvo en el espacio”, que canta el gran Camarón por boca de Lorca, o viceversa. Y eso que Alfa Centauri, que así se llama la estrella más próxima, está muy cerquita de nosotros, a poco más de cuatro años/luz. De las siguientes, ni te hablo: hay que echar merienda para ...