Ir al contenido principal

Entradas

Nubes federales

        Un poquito de silencio, por favor. Si saliese adelante la propuesta/contrapartida del nuevo líder del PSOE, dentro de cuatro días, sin comerlo ni beberlo, el señor Monago se convertiría en el primer presidente del Estado Federal Extremeño. Una España Federal: eso es lo que ofrece para frenar la imparable deriva independentista de Cataluña (lo del soberanismo es una soplapollez periodística, que es que son como niños, los periodistas), eso es lo que ofrece, decía, el señor Sánchez, profesor universitario a la sazón, al igual que el recién emérito Pablo Iglesias, el de ‘Podremos’, que junto a Tomás Gómez, profesor de universidad, asimismo, forman la santísima trinidad político-universitaria, que me parece muy bien que estos señores dejen la universidad para dedicarse a la política, que en mis tiempos la universidad siempre fue una cosa muy seria, que le hacía yo la reverencia cada vez que pasaba a mi vera cierto profesor de la universidad de Salaman...

¡Un nuevo apocalipsis!

  La que han montado con lo de Escocia, Dios mío. ¡Un nuevo apocalipsis!, bellísima palabra, por cierto. Eso es, poco menos, lo que auguraban los agoreros de siempre, manipulados como siempre desde no sé dónde, de haber triunfado el sí. ¿Apocalipsis? Tú tía la del pueblo, dicho sea con todos los respetos a mis tías Andrea y Leandra, a las que les mando un beso. Hace cuatro días como el que dice, Yugoslavia se partió en mil pedazos. Y qué pasó: ¿fue el apocalipsis? Claro que sí: pero por una guerra atroz en la que se cometieron miles de crímenes de guerra (en las guerras, todos los crímenes son de guerra), que dejó al país sumido en la desolación y sembrado de fronteras con escopetas y pasaportes, que no sé cuántos controles hubimos de sufrir aquel día que se nos ocurrió ir a desde Dubrovnik, prodigiosamente reconstruida, a Mostar, agujereada toda de metralla. ¿Ustedes creen que hubiera pasado algo si la partición hubiera sido pacífica? Nada, absolutamente nada. Hoy, veinte años...

Pujol versus Arzalluz

    Cientos de miles, millones, cientos de millones de catalanes salieron el otro día a las calles reclamando el derecho a decidir. Qué derecho a decidir ni qué leches, lo que quieren es la independencia. Bueno, no se ponga usted así. Millones, en cualquier caso. Pocos me parecen a mí. ¿Pocos? Sí, pocos. Son tantos los años que llevan predicando el odio a todo lo español, por tierra, mar y aire (aulas, periódicos, radios, televisiones, estadios), que lo extraño es que todavía quede algún residente en Cataluña, perdón, Catalunya, que quiera seguir en España (lo de Catalunya es en recuerdo a Vázquez Montalbán, charnego catalanista). En efecto, desde que hace ya su buen tercio de siglo, la presidencia de la Generalitat cayese en manos de Jordi Pujol, éste no hizo otra cosa que preparar los caminos de la independencia, bueno, eso y hacerse millonario. O sea, que lo de lo de anteayer no se concibe sin la formidable contribución del otrora ‘molt honorable’, figura insigne, provi...

La Diada extremeña

   Hoy tocaba hablar, un suponer, del extraordinario éxito cosechado por los sucesivos gobiernos en la lucha contra la llamada violencia de género, machista mayormente, que así habría que llamarla siempre, tal que hiciera hace unos días un locutor, hablando de la muerte de una mujer de 89, a manos de su marido de 91. Un machista es lo que era el viejo. Miedo me da pensar en la ingente cantidad de mujeres que morirían de no ser por las vigorosas medidas tomadas al respecto. Sin embargo, a pesar de los múltiples “observatorios”, me da como la sensación de que, como no pongan un policía en cada casa, no va a haber forma de prevenir que un loco cualquiera mate a su compañera.   Pero también podíamos haber hablado de   la convulsión mundial que han supuesto las horrísonas muertes del par de periodistas degollados por los fanáticos del islán, y de las preguntas que me vienen a la cabeza cada vez que sale a relucir el asunto, a saber: ¿hay mucha diferencia entre cort...

La gran decisión

   No confundir con “La gran evasión”, mítica y trepidante y apasionante película de hace un siglo, medio por lo menos, en la que trabajaba (así se decía en mis antaños) el gran Richard Attenborough, recién muerto a los noventa. Me refiero a la desgarradora decisión semanal del tema a tratar en esta columna. Digo ‘desgarradora’ porque, siendo mucha la mies, no hay más remedio que decidirse por uno, en detrimento de los demás. Hay semanas, empero, en que la cosa está clara desde un principio. En efecto, eso es lo que me ha pasado en la presente, en cuanto saltó la impactante noticia. Me refiero, claro es, a la inmisericorde sanción impuesta a Simeone por las cariñosas collejas que le propinase al cuarto árbitro en la trepidante, apasionante, final de la Supercopa, ese pedazo de torneo, cuyo prestigio ya roza el de la Champion: ocho partidos sin poder dirigir a su equipo desde la banda, qué barbaridad. Ocho partidos por una simple “falta de compostura ante un superior”, que ...

Ríos milagro

    La primera vez que lo pensé fue aquella tarde, recién llegados a Riga, la capital de Letonia, ciudad conocida por los estudiantes de bachillerato (los del bendito bachillerato antiguo), porque en ella se suicidó Ganivet, aquel pensador y diplomático español, precursor de la movida intelectual del 98, siglo XIX, claro. Bueno, al grano, que me pierden las digresiones. Resulta que, nada más llegar, última semana de julio, nos cayó una manta de agua de padre y muy señor mío, lluvia nada infrecuente en los veranos bálticos, a juzgar por el verdor primaveral circundante. Así cualquiera, pensé, refiriéndome al anchuroso río, que divide en dos la ciudad: la París del Norte. Este río no tiene ningún mérito; para mérito, el de los ríos españoles en verano, le comenté a alguno de los compañeros de viaje. ¿Qué? Lo que te he dicho.     La primera vez fue en Riga, ya digo, pero después lo he pensado y lo pienso siempre que cruzo el Guadiana a su paso por Badaj...

Inmigrantes subsiberianos

      Como cada verano, huyendo del insoportable calor de Marraquech, cogemos carretera y manta y nos trasladamos toda la familia a nuestra bella ciudad costera y norteña, o sea, Tánger, cuyo clima, dulcificado por la mar atlántica, es una delicia. Ya no me sorprende, claro es, pero al principio me costaba trabajo hacerme a la idea de que aquellas montañas que se ven enfrente pudieran corresponder a otro continente, el sur de Europa, a España para ser más exactos. Y eso que mi padre, siendo yo niño, me lo señalaba en el mapa: mira lo cerca que están ambos continentes. Lo mismo hice yo con mis hijos y hago ahora con mis nietos: ahí enfrente tenemos dos ciudades, que de vez en cuando nos las quieren quitar los españoles, pero que son nuestras y muy nuestras desde mucho antes de que existiera la nación española: la una se llama Tarifa y la otra Almuñécar, que son esos lugares por donde se cuelan a territorio marroquí montones de muchachos europeos, subsiberiano...