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Entradas

Amemos a los ricos

     Felizmente desaparecido el Ébola del primer plano de la actualidad, vuelve a brillar de modo esplendente el asunto de la corrupción. Pero yo no quería hablarles de eso, sino de un aspecto tangencial a la misma. Vengo observando que, a raíz del lío de las tarjetas negras y todo eso, se ha desatado una cierta animadversión social contra los multimillonarios, personalizada en dos señores, mayormente: Rodrigo Rato y el otro. Y yo, la verdad, no sé a cuento de qué, si esa pobre gente lo único que aportan son ventajas. Que sí, que los tarjeteros han sido unos “sinvergüenzones”, tal que hubiese dicho Francisco Franco, según recoge Pániker, de boca del ministro Ullastres, pero eso no es razón suficiente para extrapolar la inquina/envidia a todos los ricos. Vamos, digo yo.     Se lo dije aquella vez a mi amigo José Antonio, paseando que estábamos por el puerto de Puerto Banús, a la vista de tan numerosos como imponentes barcos allí atracados (de atr...

El Terrible

   No recuerdo ni cómo ni cuándo apareció, ni lo anduve preguntando, sólo sé que al regresar a casa unas vacaciones de Navidad, allí estaba tras la puerta, recibiéndome cariñoso, como uno más de la familia, no conociéndome de nada. Mi padre, que siempre se diera buena maña para poner motes perdurables a los niños de la vecindad (el Serrano, el Cazo, el Remolino), así como a los animales de carga domésticos (el burro o el mulo, de ahí no pasábamos), lo había bautizado como el Terrible, por su aspecto tan fiero: no alcanzaba ni una cuarta de altura y era además blanquito, alegre y juguetón. Como Platero, pero en perro.   Dos años escasos llevaría el Terrible alegrándonos la vida con su sonrisa permanente, mayormente a mi hermano el pequeño (sus vidas eran cuasi paralelas), cuando un mal día comenzáronle a brotar una feas calvas en el pelo, que le dieran pinta de enfermo, que hasta triste lo veíamos. A la vista de lo cual, mi padre, temeroso de que el animalito nos pu...

Congreso en el País Vasco

Dejando atrás la gran tempestad sociomediática del ébola (fuera de casa, uno parece menos vulnerable a la insensata vorágine de los medios), me vengo a Bilbao, la ciudad agradable, congreso de la sociedad española de medicina general. Multitudinario por naturaleza (somos más que los de Egipto), el evento comienza siempre con una conferencia, a cargo de alguna personalidad relevante, y vive Dios que este año lo ha sido (cómo se le ocurriría llevar al congreso de Santander, 2013, a Pepe Oneto: qué vergüenza pasé). Este año, sí que sí. Esta vez, abría plaza un diestro de primera: Pedro Miguel Echenique, catedrático de física de la materia condensada, Universidad del País Vasco. El currículum del señor no puede ser más impresionante: con decir que tiene en su haber el Nobel del mundo hispano, está todo dicho: el Príncipe de Asturias. Su intervención fue de una brillantez extraordinaria, pues que el buen hombre, a su sabiduría científica, une una envidiable ...

De sabios y tarjeteros

    Con la milagrosa asistencia de Stephen Hawking, el último gran genio de la ciencia, no ha muchos días se ha celebrado en Las Canarias un congreso mundial sobre astrofísica. La noticia me hizo pensar de inmediato en la gran suerte que tienen los estudiantes de ahora. No como yo, que me pasé media vida con la pena de que todas los grandes talentos que en el mundo han sido, lo fueron en el pasado: Eratóstenes, Arquímedes, Fidias, Galileo, Leonardo, Miguel Ángel, Cervantes, Velázquez, Newton, Goya, Cajal y por ahí seguido. Media vida, ya digo, hasta que me enteré de que Einstein, la más grande inteligencia que vieran los siglos, había sido mi coetáneo durante cuatro años (perdón, don Camilo, ya sé que Einstein y Quevedo no son magnitudes comparables, pero yo me quedo con don Alberto). Idólatra   irredento de los grandes talentos, no saben ustedes lo contento que me puse: ya estaba bien de que todos los portentos fuesen antepasados.     Lo dicho para Eins...

Nubes federales

        Un poquito de silencio, por favor. Si saliese adelante la propuesta/contrapartida del nuevo líder del PSOE, dentro de cuatro días, sin comerlo ni beberlo, el señor Monago se convertiría en el primer presidente del Estado Federal Extremeño. Una España Federal: eso es lo que ofrece para frenar la imparable deriva independentista de Cataluña (lo del soberanismo es una soplapollez periodística, que es que son como niños, los periodistas), eso es lo que ofrece, decía, el señor Sánchez, profesor universitario a la sazón, al igual que el recién emérito Pablo Iglesias, el de ‘Podremos’, que junto a Tomás Gómez, profesor de universidad, asimismo, forman la santísima trinidad político-universitaria, que me parece muy bien que estos señores dejen la universidad para dedicarse a la política, que en mis tiempos la universidad siempre fue una cosa muy seria, que le hacía yo la reverencia cada vez que pasaba a mi vera cierto profesor de la universidad de Salaman...

¡Un nuevo apocalipsis!

  La que han montado con lo de Escocia, Dios mío. ¡Un nuevo apocalipsis!, bellísima palabra, por cierto. Eso es, poco menos, lo que auguraban los agoreros de siempre, manipulados como siempre desde no sé dónde, de haber triunfado el sí. ¿Apocalipsis? Tú tía la del pueblo, dicho sea con todos los respetos a mis tías Andrea y Leandra, a las que les mando un beso. Hace cuatro días como el que dice, Yugoslavia se partió en mil pedazos. Y qué pasó: ¿fue el apocalipsis? Claro que sí: pero por una guerra atroz en la que se cometieron miles de crímenes de guerra (en las guerras, todos los crímenes son de guerra), que dejó al país sumido en la desolación y sembrado de fronteras con escopetas y pasaportes, que no sé cuántos controles hubimos de sufrir aquel día que se nos ocurrió ir a desde Dubrovnik, prodigiosamente reconstruida, a Mostar, agujereada toda de metralla. ¿Ustedes creen que hubiera pasado algo si la partición hubiera sido pacífica? Nada, absolutamente nada. Hoy, veinte años...

Pujol versus Arzalluz

    Cientos de miles, millones, cientos de millones de catalanes salieron el otro día a las calles reclamando el derecho a decidir. Qué derecho a decidir ni qué leches, lo que quieren es la independencia. Bueno, no se ponga usted así. Millones, en cualquier caso. Pocos me parecen a mí. ¿Pocos? Sí, pocos. Son tantos los años que llevan predicando el odio a todo lo español, por tierra, mar y aire (aulas, periódicos, radios, televisiones, estadios), que lo extraño es que todavía quede algún residente en Cataluña, perdón, Catalunya, que quiera seguir en España (lo de Catalunya es en recuerdo a Vázquez Montalbán, charnego catalanista). En efecto, desde que hace ya su buen tercio de siglo, la presidencia de la Generalitat cayese en manos de Jordi Pujol, éste no hizo otra cosa que preparar los caminos de la independencia, bueno, eso y hacerse millonario. O sea, que lo de lo de anteayer no se concibe sin la formidable contribución del otrora ‘molt honorable’, figura insigne, provi...