Forges, el gran Forges, el inolvidable Forges, aquel genio bueno, cuando, pasadas unas semanas, la enésima catástrofe de Haití desapareciera de la actualidad (lo que no sale en los medios no existe), en un rinconcito inferior de la viñeta cotidiana, él continuó pintando un hombrecito que decía: “Pero no te olvides de Haití”. Me acordé de aquello cuando hace cuatro días los seguidores del Madrid vivimos una noche de éxtasis (Modric es mi hombre): “Pero no te olvides de Ucrania”, me estuve diciendo a cada momento. No podía ser de otra manera, pues que ya me sucediera (glosado aquí) en circunstancia similar, a saber: mientras se inauguraba, gloriosamente, la Olimpiada de Barcelona, Sarajevo no dejó de ser bombardeada. Con una diferencia: cuando lo de Sarajevo no, pero el otro día coincidían en las distintas pantallas las imágenes del Bernabéu y los horrores de la guerra del tal Putin, ese sátrapa: me bastó cambiar de canal para comprobarlo. ¿Que a cuento de qué mi obsesión por estas cosas? Muy sencillo, aunque nací doce años después de la guerra del 36, leyendo a Julián Marías es como si la hubiera vivido en primera persona, de modo y manera que no me hizo nunca mucha gracia que mientras los españoles de ambos bandos, ciegos de odio, se mataban como conejos en la abominable retaguardia, el mundo siguiera su marcha como si tal, ajeno a nuestra tragedia.
Pero no está todo perdido. Un día antes, el 8-M, me había encontrado en estas páginas con una noticia esperanzadora (hice captura de pantalla para que nadie me desmienta): “La Fiscalía española abre diligencias sobre la invasión de Ucrania por Rusia” Y añadía: “Delgado ordena recopilar pruebas con vistas a hipotéticos procedimientos nacionales e internacionales” (para los no iniciados, Delgado, doña Dolores, es la Fiscal General del Estado). Impresionante medida. No saben ustedes la alegría que me embargó, que yo no sé qué puñetas hace ahí el embargo, con lo fácil que sería decir “la alegría que me entró”, “la alegría que me invadió”, o “la alegría que me llevé”. Vamos, que me puse muy contento (feliz dicen los futbolistas): no sólo por las trascendentales consecuencias que podrán derivarse de la investigación, sino porque aquella mañana se le atragantó el desayuno a Putin (tengo fuentes en el Kremlin, un cocinero). Por lo visto, se quedó helado al ver el recorte del HOY.
Y ya que hemos aludido al 8-M, fecha dedicada a reivindicar la igualdad de la mujer (a este paso, pronto habrá que inventar un día para reivindicar la igualdad de los hombres), días antes leí en estas paginas, asimismo, que fue don Juan Carlos el que, atropellando la Constitución, contra la opinión de Suárez, impuso a su hijo como heredero, privándonos de ese modo de tener a Marichalar, si no como rey, sí al menos como príncipe de Burgos (tal que el inglés lo era de Edimburgo). Con la enorme ilusión que me habría hecho.
(Pero no te olvides de Ucrania).
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...