Ir al contenido principal

Entradas

LOS GENITALES DE RUBIALES

Como dijera en su día Alfredo Brice Echenique, genial personaje, antes de empezar a hablar, quisiera decirles unas palabras: Cada vez que he visitado el Parador de Gredos, he hecho la vista gorda ante la iconografía ‘vestibular’ de Alfonso XIII, bajo cuyos auspicios fue construido tan ‘soberano’/soberbio enclave, tal es el malestar que me ha producido siempre aquel rey caprichoso y malcriado. Menos mal que el malestar me desaparecía en cuanto que, a escasos metros del vestíbulo, leía: “Salón de los ponentes”. En efecto, siempre me produjo una enorme satisfacción encontrarme en el lugar donde fuera creada la Constitución, el texto que consagraba la forma de convivencia de una de las naciones más prodigiosas, si no la que más, del universo mundo (más de un artículo para este periódico he escrito en dicho salón, por si se me pegaba algo). Pero hete aquí que el otro día no anduve ni entrando, o sea, que pasé de largo. ¿Que por qué? Es que, dada la situación postelectoral a la que hemos ll...

LA LENGUA OFICIAL DE LAS CORTES

Acaba de empezar el baile. Pedro Sánchez -le encantaría que dijera de él que es un desalmado (el alma la vendió tiempo ha), pero no se va a salir con las suyas-, les decía que, gracias a Pedro Sánchez, ese hombre capaz de poner España en manos de un prófugo de la Justicia, se podrán usar en el Congreso las lenguas cooficiales, además del español, faltaría más: el catalán, el gallero y el vascuence. Asimismo, se procurará que las mismas sean usadas en las Instituciones Europeas. Vaya por delante mi más absoluto respeto a todas las lenguas, como no podía ser de otra manera. A ese respecto, me viene a la memoria lo de Dámaso Alonso, uno de los grandes del 27: cuenta Umbral que, cuando iba a visitarlo, gustaba de recitarle versos en catalán, presidente que era, a la sazón, de la Academia. Dicho lo anterior, ya tenemos el lío preparado. Para empezar, en la Comunidad Valenciana ya han puesto el grito en el cielo, y con razón: el valenciano, tan cooficial como las otras, no...

LA ENSALADITA

LA ENSALADITA Agapito Gómez Villa Sé que a Sánchez le encantaría que yo, como todos, también hablase del pollo que pretende montar, pero se va a quedar con las ganas. Así que, hasta luego Lucas. Entre Borges y Sánchez, es que no hay color. Borges, el sabio escritor argentino, “creo que me moriré en español”, he ahí la más impresionante/apasionante declaración sobre nuestra lengua (lo digo mayormente por los papanatas que se sienten acomplejados ante otros idiomas), Borges, el niño que se crio en español y en inglés, y que luego conociera, asimismo, a la perfección otras lenguas, modernas y antiguas; quería decirles que el genial argentino dijo una vez: “Llenar un periódico todos los días, no debe de ser nada fácil”. Ardua tarea ha de ser, afirmo. Hoy, Borges habría dicho lo mismo de los telediarios. En efecto, pero éstos lo tienen más sencillo: agarran por el rabo una noticia, una ola de calor, por ejemplo, la estiran como un chicle, y ya tienen el d...

SI YO FUESE JUAN RAMÓN

SI YO FUESE JUAN RAMÓN Agapito Gómez Villa “Dios nació dos veces, la segunda en Moguer”, dijera Gerardo Diego. Pues bien, ese dios, capaz de escribir cosas tan prodigiosas como ésta, “Platero acababa de beberse dos cubos de agua con estrellas”, ¿se puede escribir algo más bello?, sólo por eso ya merecía el Nobel, les iba diciendo que ese dios era, al tiempo, un sublime canalla, que no sólo tenía a punto la palabra más bella para la creación literaria, sino que, asimismo, tenía siempre a mano el dardo más venenoso. Verbigracia: cuando hicieron académico a Marañón: “No sé qué hace un médico en la Academia. Lo habrán puesto para que le mire la lengua a los académicos”. Imposible más vitriolo en menos palabras. A lo que vamos: han hecho senador a un médico forense, me apasiona la medicina forense, capaz de llegar hasta “los más ocultos pensamientos”: han hecho senador, ‘por la cara’, al que durante siglos fuese nuestro ‘gobernador’ (así se llama el ...

EL EMÉRITO HA VUELTO

EL EMÉRITO HA VUELTO Agapito Gómez Villa Escribió una vez Umbral que la mitad de la gente te odia, sin saber por qué, y la otra mitad te quiere por la misma sin-razón. Umbral, una vez más, daba en el clavo, pero no en los porcentajes (en su caso, es posible que fuese así, por provocador; tan necesitado de cariño que siempre estuvo, doy fe): hay gente a las que quiere todo el mundo (o casi) y los hay que les sucede todo lo contrario. Luego están, claro es, los que caen mal por alguna causa: por ejemplo, don Juan Carlos a mí, y no digamos doña Sofía, con esa máscara griega en forma de sonrisa permanente. A don Juan Carlos nunca lo pude tragar “ni con un cachito de pan” (sic), que le dijera a su médico la anciana que no sabía que los supositorios tenían otra vía de aplicación. Esa forma deslavazada de leer las cosas que le ponían por delante, me ponían de los nervios. Qué mínimo que un poquito de énfasis, o al menos de interés. Pues nada: todo seguido, si...

QUE TE VOTE EL CHAPAPOTE

Bueno está el horno para bollos. Me refiero, claro es, al horno de la política. Como para andarse con bromas. El otro día, hablando de las excelentes playas gallegas, salió a relucir la palabra chapapote, que, contra lo que predijeran los catastrofistas del momento, no quedan ni restos y tal, y poco faltó para que dos llegaran a las manos. Fue cuando uno habló de la similitud entre el chapapote y el sobrenombre del ‘protagonista’ del pareado ése que tanto le gusta a Pedro Sánchez: el del angelito que le metió dos balas en la nuca a Miguel Ángel Blanco, ya me entienden. Para que ustedes vean el nivel de crispación al que se ha llegado, de cara a las votaciones de hoy. De eso precisamente quería hablarles, de los crispadores, que la crispación no llega sola, claro, ejemplo de lo cual fue el recuerdo del chapapote sin ir más lejos, con sus coros y danzas levógiros (no quiero escribir la palabra izquierda), llevados en autobuses desde toda Españ...

EL DEBATE

EL DEBATE Agapito Gómez Villa Vaya matraca que nos están dado con el dichoso debate. Nos tratan como a niños. Que si ganó Fulanito, que si lo hizo Menganito. ¿Y que adelantamos con eso? Nada, absolutamente nada. Cuando yo sólo veía por los ojos de Felipe González (lo recoge hasta Sabina, en un rap memorable, conversación playera entre dos señoras: “Como mi Felipe, pa mí que no hay dos”), me plantaba delante de la televisión (ahora no veo un debate ni por orden judicial, y menos si aparece Sánchez) y para mí siempre triunfaba Felipe. Una vez, por lo visto, ganó Aznar. Pues bien, en mi opinión el triunfador indiscutible fue González, por goleada, dijeran lo que dijeran los profesionales de la opinión. (Es que Aznar ya podía decir misa: siempre le profesé una insuperable antipatía, que ha llegado hasta nuestros días.) A la semana, Felipe no sólo arrasaría en el nuevo debate, sino que, que ya de camino, ganó también las elecciones. ¿De qué sirvió que Josemari se...