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Descartes, San Pablo y la refinería


   Hay gente que lo tiene todo claro. Usted conoce a más de uno. Son esos individuos que no conocen la duda, que es una forma de acercarse a la verdad, que para eso hubo un señor listísimo que la elevó (la duda) a categoría de método, de método de pensamiento, Descartes se llamaba; uno de los filósofos al que le tengo ley, pues que, además de filósofo, fue un extraordinario matemático, que los otros, los filósofos-filósofos para la único que sirven es para amargarte el bachillerato; menos mal que ya están todos muertos, que no lo digo yo, que lo dice Stephen Hawking, el genio al que le cabe el universo (¿multiverso?) en la desfallecida y repeinada cabeza: “la filosofía ha muerto”.

    Bueno, en fin, que me estoy enrollando, que a ver qué coños tendrá que ver la duda con la refinería. Pues sí: tiene que ver. Y mucho. Si yo hubiera tenido claro lo de la refinería, hoy estaría muy disgustado, pero como siempre dudé de ella, ni me he inmutado cuando he sabido el resultado. Tres cuartos de lo mismo me pasó con el AVE, pobre AVE. Nunca me vi montado en el AVE, a 300 Km. por hora, que digo yo que para qué tanta prisa, que con 200 tendríamos más que suficiente. Y con menos. Otrosí con la autovía Badajoz-Cáceres (o viceversa), la obra en la que mejor podrían haber sido empleados los dineros malgastados/malversados durante treinta años en tantas gilipolleces envueltas en el papel de estraza de la dulce y repulsiva demagogia. Nunca lo tuve claro, ya digo (y ahora menos, por supuesto). Pero aquí mi reacción no fue de tranquilidad, sino todo lo contrario. Cada vez que me acuerdo de que hace mil mundos los primero que se hizo en Asturias fue unir con una autovía las dos ciudades más importantes, y que por aquí todavía andemos así, me dan ganas de blasfemar, pero no lo hago, porque estamos en Pascua Florida, que es una de las más poéticas expresiones del catecismo escolar, y ya se sabe que uno se pierde por las bellas palabras: ¡Pascua Florida! Blasfemar no, pero me gustaría dedicarles unas palabritas a los ineptos y alegres demagogos: fistros, eso es lo que sois, unos fistros de bambinos (loor a Chiquito).

   Y en este preciso instante, acaba de empezar a llover, que era lo que estaba esperando para escribir esta columna (lo anterior ha sido para entretener la espera). Llueve sobre mojado: en sentido figurado, claro. Me explico. El año pasado por estas fechas, dije en estas páginas, “Un satélite por otro”, que había que ir preparando el cambio. La meteorología, una vez más, me acaba de dar la razón, ay. Luego de miles de meses sin caer una gota, nada más acercarse el Domingo de Ramos, agua que te crio. ¿No es una lástima? Abandonemos, pues, de una vez y para siempre el caprichoso baile de la luna con el solsticio de primavera, y dejemos que sea el meteosat el que marque las fechas de la Semana Santa. ¿Que eso la Iglesia no lo va a consentir? Sería un craso error. Les recuerdo que el amo del cotarro, o sea, el artífice de que la Iglesia sea lo que es, San Pablo, lo dijo bien clarito: “O renovarse, o morir”. 

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