Les hablo desde Cataluña. Así empezaba el otro día una de sus alocuciones el gran periodista
Iñaki Gabilondo. En ella se pregunta compungido qué es lo que están haciendo los que desean
que Cataluña no se vaya de España para que Cataluña, o sea, Catalunya, se quede en España,
no sé si me entienden. Sostiene, asimismo, el señor Gabilondo, independientemente de que haya
o no referéndum, que Cataluña se está yendo a velocidad de vértigo. Entre las causas del
desastre, enumera, cómo no, las cosas "torpes" que durante los últimos treinta y cinco años se
han venido inculcando sobre España en las aulas catalanas. Con ese irse, Iñaki se refiere
mayormente a la "desafección colosal", de una gran parte de la sociedad.
En efecto, les hablo desde un pueblecito próximo a la costa gerundense (no sé cómo se dice
gerundense en catalán), desde la casa de un catalán de mi quinta, nacido y criado en la provincia
de Barcelona, cuya opinión sobre el particular no coincide en absoluto con la del buen periodista
vascongado. Dice nuestro amable y hospitalario anfitrión, que algo conoce el paño, que él está
seguro de que si hoy hubiese un referéndum como Dios manda, ganarían los partidarios del no,
que lo que pasa es que los partidarios de la independencia (nuestro anfitrión no pronuncia la
palabra secesión, ni soberanismo, ni otros cobardes eufemismos tan al uso) están
envalentonados, tanto como achantados están los partidarios del no.
¿Quién tiene razón? ¡Ambos! ¿Que cómo es posible eso? Muy sencillo. Nuestro anfitrión tiene
razón hoy. Mañana la tendrá Iñaki. Así de claro. Creo que no hace falta esforzarse mucho para
entender que el camino emprendido tiempo ha en las aulas catalanas es de todo punto imparable:
quiero decir que, salvo reversión de la educación a manos del poder central, harto improbable (o
`depuración` radical del profesorado: más improbable aún), la educación, la verdadera y fabulosa
maquinaria de fabricar ciudadanos independentistas, léase antiespañoles (no el gobierno de
Madrid, como afirman los muy ladinos), continuará su inexorable marcha, -¡niños llevados por el
maestro a pegar carteles pro independencia!-, con la inestimable ayuda de las televisiones
autonómicas, hacia la desafección final; de modo y manera, que si no es hoy, que no será hoy, la
independencia será mañana. De donde se deduce que alguien metió gravemente la pata al poner
la Educación en manos de la Generalitat, que ésa y no otra es la madre verdadera del cordero,
alimentado, así está de gordo, con el trébol de alguna sentencia favorable de muy alto tribunal: las
desfavorables se las han pasado impunemente por el forro.
En fin, que no hace falta ser Iñaki Gabilondo para llegar a semejante conclusión. Años ha, desde
estas páginas, este particular, predijo el mismo final para Cataluña. O sea, que ya están ustedes
reformando la Constitución si quieren que dicha región siga teniendo algún tipo de relación con el
resto de España. Ni que decir tiene que detrás de Cataluña irá el País Vasco, también conocido
como Euskadi, y a la vuelta de la esquina, Galicia, y más tarde quién sabe. Ah, y mucho cuidado
con los extremeños, que como nos sigan tratando como a los parientes pobres, el día menos
pensado nos podríamos ver abocados a pedir "asilo político" a Portugal`.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...