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LICENCIADO EN MEDICINA Y CIRUGÍA

      LICENCIADO EN MEDICINA Y CIRUGÍA

         Agapito Gómez Villa

   No ha mucho, una agencia extranjera (internacional diría un joven periodista), de las que se dedican a estas cosas, publicaba lo siguiente: "España supera a Italia como el país con mayor calidad de vida del mundo". Toma ya. A mí, a pesar de la basura que echan por la boca a todas horas los profesionales de la política, que el Señor los siga confundiendo, la noticia no me sorprendió en absoluto, pues que eso lo vengo yo diciendo hace muchos artículos. Lo que verdaderamente me impactó es que uno de los aspectos que destacaba era la calidad de nuestra Atención Primaria, o sea, de la medicina de cabecera de siempre. Como médico que se ha dedicado toda la vida, y aún se dedica, al particular, me alegré sobremanera, pues que el estudio en cuestión venía a comerme en la mano, a saber: desde que el sistema MIR se aplicó también a la Atención Primaria (loor al profesor Segovia de Arana), nuestra medicina dio un salto olímpico. Helo ahí, reconocido al cabo de los años.
  En ésas estábamos, cuando el otro día el Consejero extremeño de la cosa, el señor Vergeles, va y dice, Consejo General de Colegios Médicos, que la "Atención Primaria tiene síntomas de fatiga". Me imagino el disgusto que se habrán llevado los autores del estudio ése. El señor Consejero se refería, claro es, a la cosa administrativa, a una equivocada planificación que ha desembocado en una escasez de médicos de familia y todo eso. Alma de Dios, entonces a qué ese baile en las edades de las jubilaciones: que si a los 65, que si a los 67, que si a los 70. ¿Usted se hace una idea de la cantidad de médicos que hubiesen querido continuar hasta los 67 cuando menos? La tira. Aclárese, hombre, de una vez. Aunque sé que el nuevo hospital de Cáceres los tiene a ustedes medio locos.
  Habló, asimismo, el señor Vergeles de la conveniencia de prestigiar la Medicina de Familia en las facultades, así como de la consecuente falta de vocaciones. Tiene usted razón, señor Consejero. A ese respecto, yo empezaría por el principio: colocando un letrero en la fachada de nuestra facultad en el que rece lo que le escuché una vez a un eminente médico, el profesor Amador Schuller: "Ser médico de cabecera es ser dos veces médico". Qué le parece, señor Vergeles. Este particular no puede estar más de acuerdo con don Amador: superados los cuarenta años de profesión, puedo afirmar y afirmo, que, desde el punto de vista intelectivo (el asistencial lo doy por supuesto) no hay labor más apasionante que la medicina de cabecera. Me refiero, claro es, a la labor puramente médica, la que se nos enseña en las aulas, la que viene en los libros de medicina, no a la ingencia de cuestiones 'paramédicas', a las que a diario han de dedicar su tiempo, su mente y su esfuerzo los profesionales de la medicina. Usted no sabe lo que es enfrentarse a un dolor torácico luego de haber escuchado: "Que me haga usted un justificante, que ayer no pude ir a trabajar". O esto otro: "Que me haga usted un papel donde diga que el baile folclórico me sienta bien" (sic).
  ¿Lo de la Cirugía? Eso lo dejo para otro día.
 
 

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