Hoy tenía pensado abordar en exclusiva este asunto: ¿por qué sólo la presidenta de la CCAA de Madrid está siendo acusada/acosada de ser la responsable de los muertos por el virus en su predio? Para hoy domingo, los “portadores de la pureza” ya habían decidido montarle el pollo. ¿De haber sido presidente el hermano de Iñaki Gabilondo, también se lo habrían montado? No, porque la gestión habría sido mejor. Ah, claro; tiene usted razón.
Pero mira por dónde, pergeñado ya el artículo, leo en estas páginas que tenemos en Extremadura el primer contagio humano (una mujer) por el Virus del Nilo Occidental (se conoce que los mosquitos, únicos transmisores de la enfermedad, no tienen fuerzas para cruzar a la otra orilla: la oriental). Lo cual me lleva a esto: el 20% de los caballos de nuestra tierra tienen anticuerpos contra dicho virus. Horas después, salta la liebre: “Unidas Podemos propone no comer carne los lunes en Collado Villalba” (Madrid). Menos mal que no han pensado en los viernes. La rechifla habría sido monumental: ¡los viernes de cuaresma! Total, que, entre lo uno y lo otro, decido abandonar a la bella Ayuso por “los lunes sin carne”, paráfrasis de “Los lunes al sol” (juntos darían “Los lunes sin carne y al sol”). Dos razones aducen: luchar contra el cambio climático y, ya de camino, evitar el maltrato a los animales. Ahí os quería yo ver. Mucho hablar del maltrato a los animales y no se os ocurre auspiciar una campaña para la prevención de la fiebre del Nilo en los caballos (a un pariente mío se le murió uno). Montasteis la gran trifulca cuando el pobre Excálibur y ahora dejáis tirados a los équidos. Vergüenza os podría dar.
Está claro que el hombre propone y la actualidad dispone. Justo cuando me dirigía a empezar este escrito, se me tuerce todo: escucho en la radio que “Rock FM” va a emitir durante el fin de semana las 500 mejores canciones del rock. Esto lo tengo que escribir, me digo. Dicho y hecho. Oír la palabra rock y ver a Elvis son una misma cosa: tiempos en los que uno era casi totalmente feliz, escuchando al ‘rey’ (el del rock; don Juan Carlos canta bien, pero por Camarón) en aquel ‘arradio’ de segunda mano. Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Lo siento, maestro: desde este momento, resigno las emisoras de la pandemia, que me revuelven las tripas, y me vuelvo a las musicales. Para principiar, las 48 horas de rock, cuya historia acabo de leer en el interesantísimo libro del joven músico, Alfredo Gómez Ollero, “El rock es un cuento chino”, en donde he visto ‘resucitar’ gloriosamente a los locos que dulcificaron mis ilusiones juveniles, y cuya tesis es la aportación de la inmigración china, junto a la irlandesa y africana, en los orígenes de dicho seísmo musical y universal.
Los profesionales del catastrofismo, que me esperen sentados.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...