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MEADAS EN LAS FRONTERAS

Laura Borrás, una señora que fuera condenada y expulsada por tal del parlamento de Cataluña, dijo el otro día: “El conflicto ha dejado de ser entre catalanes. Ahora es entre españoles”, palabras de las que se hizo eco con indisimulada pesadumbre, Pedrerol, el famoso comentarista deportivo, en “El Hormigonero” de Pablo Motos. Su intervención en dicho programa ha levantado algunas ampollas, mayormente por tratarse de un catalán de pura cepa, que está radicalmente en contra de la amnistía y sus derivadas: “No puedo creer que alguien mercadee por siete votos”. De cualquier manera, con traslación a España o sin ella, el problema donde continúa y continuará con la crudeza de siempre es en Cataluña. El racismo/supremacismo no se cura en dos días, señora Borrás. Cuando se lleve a cabo el nuevo referéndum (no se han cansado de repetirlo: “lo volveremos a hacer”), que según las encuestas lo ganará el sí por los pelos (los de Puigdemont), querrá decir que casi la mitad de los habitantes de Cataluña se sienten también españoles. Por consiguiente, ¿usted cree, doña Laura, que a esos millones de catalanes que se consideran, además, españoles, les ha dejado de afectar lo que usted llama el conflicto? Vamos anda. Eso no se lo cree usted ni jarta de cava. O sea que, además de falsificadora, es usted un poquito corta de entendederas. Señora prevaricadora, a mí no me gustaría encontrarme, un suponer, en la piel de Rufián, andaluz que se cree catalán con el fin de que le perdonen la vida; a tal punto es andaluz, que hay que traducirlo al catalán cuando habla en dicha lengua, según acertada observación de Cayetana Álvarez de Toledo. Es más, ni tan siquiera me gustaría encontrarme en el pellejo del buen escritor, Javier Cercas, catalán de Ibahernando. El problema, ya digo, sigue y seguirá siendo entre catalanes, por los siglos de los siglos, señora Borrás, pues que el nacionalismo es un sentimiento ‘incurable’ radicado en el paleoncéfalo. Sí, ya sé que usted, “en su primitivismo” (lo decía mucho el profesor que me enseñó el sistema nervioso), no tiene ni idea de lo que sea eso. Pues sepa que dicha estructura la compartimos incluso con los reptiles. O sea, que cuando usted desprecia a Rufián y a Cercas, que sé que los desprecia, por sus orígenes, no lo está haciendo con el telencéfalo (sé que ha leído teleférico), la región donde radica el intelecto: hace uso de la estructura más primitiva de su primitivo cerebro. Ítem más: sepa asimismo que los nacionalistas, de todo jaez, utilizan para lo suyo los mismos mecanismos neuronales que los animales que van depositando la orina aquí y acullá con el fin de marcar el territorio, cosa que harán ustedes el día menos pensado. “El nacionalismo es una enfermedad infantil”, dijo Einstein, víctima que fuera del ‘nazionalismo’. Presiento que eso le resultará menos ofensivo que lo mío: lo de la orina y todo eso. Pero es que don Alberto “El Sabio” no había estudiado neuroanatomía. (No se puede estar en to.)

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