¿Cuántas veces hemos oído esas palabras en boca de la pistola de Tejero? Cientos, miles, millones. Fueron grabadas por las cámaras del Congreso, y por las emisoras que estaban transmitiendo el evento. Ni que decir tiene que se graba todo, absolutamente todo: no sólo lo que se dice en la tribuna.
En esto que va el otro día Abascal y en tres palabras pone como un poleo a su amigo del alma: “Es usted un corrupto, un traidor y un indecente”. Toma ya amistad. A mí que registren, yo “digo tan solo lo que he visto”, que cantase León Felipe en voz de “Aguaviva”. Al instante, la presidenta de la cámara da la orden de que dichas palabras sean borradas del diario de sesiones. Aquí quería yo llegar.
Uno sabe que resulta muy bonita, muy tradicional, muy histórica la imagen de esas dos personas que, desde el centro del ‘hemirruedo’, van escribiendo, con una celeridad estresante, todo lo que se dice desde el estrado. He dicho histórico a propio intento, porque, gracias al diario de sesiones, podemos saber lo que dijo cada cual, desde la noche de los tiempos parlamentarios, lo de Calvo Sotelo, un suponer, que me acuerdo yo de la enciclopedia escolar: “Cristiano soy y tengo las espaldas muy anchas. Si con mi muerte rindo un servicio a España, bienvenida sea cuando quiera”. Y le tomaron la matrícula.
Impagable, el diario de sesiones, ya digo. Pero, siguiendo a Sabina, “como te digo una co, te digo la o”: salvado el valor histórico-sentimental de la labor de los mentados transcriptores, al día de hoy, teniendo como tenemos hace varios siglos todo tipo de aparatos de grabación, me resulta absolutamente ridículo ver a ese par de seres escribiendo como posesos. Ridículo, extemporáneo, absurdo. Cuando entonces, tiempos en que no había ni siquiera medios de grabación de la voz, lo que no figuraba en el diario de sesiones no existía, salvo en los oídos de los presentes. Pero desde que pueden ser grabados hasta los últimos pensamientos de nuestros parlamentarios, el trabajo de esas dos escribientes carece de toda razón de ser.
Yo sé que no me van a hacer caso, por ahora; pero estoy absolutamente seguro de que, a no tardar, esas figuras tan entrañables serán liberadas de semejante tortura neuronal, y acabarán haciendo su trabajo escuchando la correspondiente grabación. Y como es natural, todo irá a parar a un gran libro electrónico, lo de Calvo Sotelo también. Al tiempo.
Ítem más: mucho más ridículo, más absurdo y más extemporáneo que la labor de los escribientes me resulta aún el que la presidenta del Congreso ordene que se borren ciertas expresiones. Señores del Congreso: hay que ser muy niño (por no decir otra cosa) para no darse cuenta de que las palabras a suprimir ya han sido grabadas para siempre por cientos de aparatos. ¿O es que nos consideran gilipollas?
Para no ponerme insolente, acabaré con San Pablo, pasado por Unamuno: “O renovarse, o morir”. De nada.
A quien corresponda: siento deciros que en dos ocasiones, la semana pasada sin ir mas lejos, me fue cambiado un “si no” por un “sino”, con lo cual me siento a los pies de los caballos. Ruego que, salvo error flagrante, se respete el texto original. Muchas gracias.
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...