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Mostrando entradas de enero, 2026

LA CATENARIA

Cada uno cuenta la feria como le va y éste es el relato de la mía. Dos veces he viajado en trenes de mucha velocidad. La primera, entre Madrid y Zaragoza, un tren que no llegaba a AVE, un Alvia que no pasó de 200 Km/h. La sensación de poderío, comodidad y seguridad fue absoluta. La pena es que el viaje hubiéramos de hacerlo de madrugada (el entierro de mi tía era por la mañana), pues que, de haber sido el viaje de día, a esa velocidad, podríamos haber disfrutado del paisaje, que es una de las cosas que más me gustan cuando voy en tren o en autobús, aunque el viaje dure diez horas. La segunda vez fue entre Madrid y Barcelona, en un AVE pata negra. Ni que decir tiene que, al ser la primera vez, estábamos como niños con botas katiuscas nuevas. Entusiasta en grado sumo que soy de los avances de la técnica (Ortega no usó jamás la palabra tecnología, vocablo que podemos encontrar hoy en cualquier sopa), mi euforia fue creciendo al tiempo que lo hacía la velocidad de tan impresionan...

TRUMP, CÁCERES Y RUFIÁN

Me cabe el honor de haber sido la primera persona (del singular) que pidiera en su día (consúltese hemeroteca) el Nobel de la Paz o, en su defecto, el Princesa de Asturias de la Concordia para Gabriel Rufián, el muy acendrado independentista catalán, hijo de jienense y granadina, toma ya genealogía catalana, ese mocetón que va sembrando el amor y la amistad por donde quiera que pisa. Sin ir más lejos, el otro día en la tribuna del Congreso, llamó “defraudador, pedófilo y violador”, él sabrá por qué, a otro aspirante al Nobel de la Paz, Donald Trump, mezcla anaranjada, al 50%, entre Jesús Gil y Ruiz-Mateos. Por lo visto, el disgusto que se ha llevado don Trump con lo de su ‘congénere’ Gabriel, ha sido de padre y muy señor mío. No hay consuelo para él, me cuentan mis amigos norteamericanos, unos que conocí aquella vez que estuve hospedado al lado de las Torres Gemelas, hace treinta años, era junio y hacía mucho calor. Volviendo a Gabriel, algunos me han dicho que cómo puedo ped...

EL LEGADO DE VARA

Se lo pregunté en cierta ocasión a mi amigo Tamayo (vuelve Tomás, que Morante ya está preparando el regreso), hablando que estábamos de la bonhomía del personaje: “¿Has conocido a algún político de la categoría humana de Guillermo?”. “Sí, Adolfo Suárez”. Y me calló la boca. Vaya por delante que no tuve la oportunidad de cruzar ni una palabra con mi colega de licenciatura, pero no me hizo falta -“por sus hechos los conoceréis”- para saber que era una rara avis en el tenebroso mundo de la política: un hombre bueno, respetuoso, educado, sencillo. Al grano. Se lo dije muy clarito a un apenado amigo -¡del mismo partido¡- cuando los periódicos hablaban en exclusiva sólo de su fallecimiento: “Dentro de una semana, sólo lo recordará su familia”. Dicho y hecho: durante las recientes elecciones autonómicas, cuando los medios todos no hablaban de otra cosa que de Extremadura, ni una triste alusión a Guillermo. A pesar de que lo dijo muy alto Pedro Sánchez cuando vino a darle sepultura: ...

SIMEONE IN LOVE

En verdad, en verdad les digo que cuando esta mañana, viernes 2, me he puesto ante el teclado, no tenía ni barruntos sobre qué tema escribir, siempre bajo la premisa, claro es, de no aburrir al personal, que un escrito aburrido lo escribe cualquiera. (“No os aburráis nunca”, le decía a sus nietos la abuela francesa de don Ramón Carande, de donde el gran historiador deducía que su abuela era muy inteligente: por decir eso). En fin, que anduve dudando entre la tristísima noticia de la muerte a los 35 años de una nieta de J. F. Kennedy, la “maldición de los Kennedy”, le llaman: repleta de muertes, asesinatos y accidentes. Pero la descarté porque pensé que dos terceras partes de la población, como mínimo, desconocen quién fuera el tal Kennedy. Después manejé la opción del juramento del cargo a cargo del nuevo alcalde de Nueva York: ¡ante El Corán! No iba a jurar ante La Biblia, llamándose Zhoran Mandani. La noticia no deja de ser sorprendente, por excepcional, acostumbrados que e...