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ALFONSO GUERRA Y LOS NIETOS

El otro día, Alfonso Guerra acudió a “El Hormiguero”, y como era natural, la expectación fue máxima, mayormente por el gravísimo momento que estamos viviendo, convulsión política sin precedentes, protagonizada por un partido que, para más inri, fuese su propia ‘creación’, que hubo un tiempo en que en el PSOE no se movía ni una hoja sin permiso de Alfonso: “El que se mueva no sale en la foto”, figuraba en el frontispicio de la calle Ferraz. Gracias a Alfonso y a Felipe, en España se vivieron unos años de una considerable tranquilidad social, a pesar de los asesinatos cometidos por nuestro Hamás, la eta, aquel grupo de descerebrados que, según un cretino perverso y con micrófono, que hoy vive en los cubos de la basura universitarios, los terroristas fueron los únicos que entendieron la Transición, tal que les dijera en una Herriko Taberna, cuando ya los muertos inocentes superaban las nueve centenas. De Pablo Iglesias hablo. De Alfonso Guerra se esperaba que sacara a relucir su len...

MEADAS EN LAS FRONTERAS

Laura Borrás, una señora que fuera condenada y expulsada por tal del parlamento de Cataluña, dijo el otro día: “El conflicto ha dejado de ser entre catalanes. Ahora es entre españoles”, palabras de las que se hizo eco con indisimulada pesadumbre, Pedrerol, el famoso comentarista deportivo, en “El Hormigonero” de Pablo Motos. Su intervención en dicho programa ha levantado algunas ampollas, mayormente por tratarse de un catalán de pura cepa, que está radicalmente en contra de la amnistía y sus derivadas: “No puedo creer que alguien mercadee por siete votos”. De cualquier manera, con traslación a España o sin ella, el problema donde continúa y continuará con la crudeza de siempre es en Cataluña. El racismo/supremacismo no se cura en dos días, señora Borrás. Cuando se lleve a cabo el nuevo referéndum (no se han cansado de repetirlo: “lo volveremos a hacer”), que según las encuestas lo ganará el sí por los pelos (los de Puigdemont), querrá decir que casi la mitad de los habitan...

QUE ME PERDONE CELA

Que me perdone Cela, “cuando en un sitio huele mucho a algo, el secreto no es oler más, sino oler distinto”, pero con la que está cayendo, sería una cobardía escribir sobre el sexo de los ángeles, que además carecen de sexo (conocido). Uno, en sus intuiciones, había llegado, tiempo ha, a la conclusión de que más tarde que temprano, acabaríamos en la situación actual: me refiero, más que a la amnistía de los Puigdemontes, al referéndum de autodeterminación (lo que me iba a reír si les pasara, ojalá, como a los escoceses), monedas de cambio que ponen patas arriba todo el edificio Estatal, cimientos incluidos. Fíjense si uno tenía el asunto en los calcañales, que, quinquenios pasados, en estas páginas me atreví a preguntar en voz alta: “Qué queda ya de España en Cataluña”, perdón, lo siento, en Catalunya. Casi nada. Fue cuando empezaron a abrir embajadas a calzón quitado por todo el mundo, borrado ya el castellano de las aulas (pasándose por el forro al Tribunal Constitucio...

EXIGENCIAS NACIONALISTAS

Más de uno pensará que lo que viene a continuación son monstruosas exageraciones salidas de una mente calenturienta, algo parecido a la famosa pintura de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”. En verdad, en verdad, les digo que son tan ciertas como Agapito que me llamo. Se trata de la razón última por la que al día de hoy, viernes 3, aún no se han cerrado las negociaciones entre el amo y el criado: Puigdemont y Sánchez. No es, como algunos dicen, por la exigencia del primero sobre la figura del relator (el mediador entre la República Catalana y el Estado Español), ni por los tiras y aflojas acerca de la amnistía a los CDR, Comités de Descerebrados Republicanos, aquellos angelitos que cuando entonces, 2017, dejaron Barcelona convertida en un Campo de Agramante. Ni siquiera por la demanda de cesión de la Hacienda Catalana al gobierno de la Generalitat (una vez conseguida la Red de Cercanías, eso está chupao). Ni tampoco por la petición de que el referéndum de autodetermi...

LA LLAMADA DE DOÑA YOLANDA

El otro día me llamaron del Ministerio de Trabajo: “Que quiere hablar con usted la señora ministra”. “Dígame, doña Yolanda”. Luego de media hora al teléfono, lo único que fui capaz de entender, no sé cómo lo hará Pedro Sánchez, tendrá algún intérprete, les decía que al final sólo me enteré de que me llamaba para darme las gracias por el artículo que en tiempo de pandemia publiqué en estas páginas. En el mismo, yo abogaba por la reducción de la jornada laboral: “Reinventarse” (consulten hemeroteca). Por lo visto, según me dijo un colaborador de la señora vicepresidenta, el artículo había sido esgrimido de rabo a cabo, perdón por lo del rabo, para conseguir las treinta y siete horas y media semanales. Al parecer, una de las cosas que más le había gustado a doña Yolanda, aparte de las referencias a la revolución industrial con sus reducciones horarias y todo eso, fue lo que dije de Julio Cortázar: que cuando llegó a París, buscaba trabajos de dos o tres horas, o sea, un curro (no conozc...

PRINCESA DE ASTURIAS

“Harto ya de estar harto” de las sangrientas locuras que se vienen cometiendo recién en Tierra Santa, cualquiera lo diría hoy, así como de la infecta caterva de analfabetos (Juan Eslava me asista) que están llevando a España “al borde del precipicio”, he decidido poner tierra ‘non sancta’ de por medio. Ahí voy. “Prefiero la peripecia vital de un hombre a toda una filosofía”, dijo Umbral. Yo también, mire usted. Ésa es la razón por la que mi único acercamiento a la materia haya sido a través de la biografía de dos filósofos, Julián Marías y Salvador Pániker. Pues bien, da la casualidad de que ambos estudiaron los dos bachilleratos de antaño: el de ciencias y el de letras. Julián Marías iba para químico y el otro, cuando alguien se le ponía chulito, le preguntaba por la conjetura de Poincaré: “para que vuelvas”, le diría. Tal vez por eso los únicos filósofos que me merecen respeto son aquellos que han sido hombres de ciencia: Descartes, Pascal et al. Los demás no me interesan nada, ...

EL ODIO ANTIGUO Y LOS CEPOS DE MI PADRE

De cualquiera se puede aprender algo, un suponer de Víctor Manuel, y no digamos de Ana Belén: “El odio antiguo los abrasa”, dicen en una entrañable canción: “Dos pueden ser la eternidad”. Fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando saltó la noticia de la masacre perpetrada por Hamás, y la posterior respuesta bíblica de Israel, arrasadora. La cosa no se puede resumir de mejor manera: un odio antiguo, muy antiguo, los abrasa, un odio que se ha venido renovando en cada muerto. Un odio casi congénito, sí, que a los niños palestinos les llega con la leche materna, continuación del cordón umbilical. Un odio tan antiguo, que uno cree muy anterior a la creación del Estado de Israel, 1948, cuando los mandamases islámicos de la época no aceptaron la creación de un Estado Palestino, ellos sabrán por qué. Un odio, en suma, que se diría proveniente de la noche de los tiempos y de las religiones, alimentadas, ay, de sus violentas deidades, malditas sean por siempre. Ésa es la única manera de...