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Unas muertes y otras

20-2-11




   Qué ‘agradable’ sorpresa la del domingo pasado al anochecer: “Cuatro personas han fallecido en las carreteras españolas en el fin de semana”. Acostumbrados a las veintitantas de tantas veces, esos cuatro eran como una bendición del cielo. No obstante, me dio tiempo de pensar que, a pesar de lo exiguo de la cifra, la noticia no tendría nada, lo que se dice nada de agradable para los familiares de los cuatro difuntos. Ni que decir tiene que un solo muerto en la carretera ya es una tragedia. Grandes han sido, en efecto, los progresos conseguidos a ese respecto en los últimos años, al frente de lo cual está la dirección general de tráfico, por supuesto. De ahí la cara de satisfacción que exhibe el director general de la cosa. A pesar de que ‘todavía’ hay que hablar de muertos, ya digo.

  Todo lo contrario de lo que sucede con la llamada violencia de género: no hay manera de frenar el brutal goteo de muertos a manos de la respectivas ‘parejas’, de mujeres mayormente. ¿Por qué? Porque es imposible, sencillamente. No hay gobierno del mundo capaz de impedir que un loco mate a su compañera: mientras no alcancen la efectividad necesaria, claro es, los medios electrónicos que impidan que el loco se acerque a ‘su’ víctima, en los casos en que ha habido denuncia previa y tal. ¿Qué hacer, empero, con los casos en los que no ha habido advertencia ni sospecha pública alguna? Nada, absolutamente nada. A las pruebas me remito.

  Es muy posible que en lo del tráfico haya influido de modo favorable la emisión por la tele de esas horrendas imágenes de los coches despanzurrados. Pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que hacer noticia de telediario los asesinatos de las mujeres, ¡descritos con pelos y señales!,  no contribuye para nada a la disminución de las muertes. Es más, no me extrañaría nada de que sucediera al revés. Lo que yo te diga a ti.

   Utilizando la más elemental de las lógicas, en más de una ocasión, uno ha dicho en estas páginas que la violencia de género con resultado de muerte, hoy por hoy, no tiene remedio posible. Por desgracia, siempre existirá un porcentaje de individuos que, bien por un trastorno psíquico (sólo un trastornado es capaz de matar a otra persona), bien por ciertas circunstancias actuando sobre ese trastorno previo, acabarán arreglando las desavenencias de la pareja matando, horror, a la prójima. Y eso no hay ministerio, ni dirección general, ni observatorio que lo remedie.

   ¿Nos quedamos, entonces, cruzados de brazos?, preguntará alguno. De eso ni hablar. Yo no he dicho eso. Habrá que seguir haciendo todo lo posible por proteger a la mujer de los bichos indeseables. Pero, una vez visto lo visto, desde estas páginas hago un solemne llamado a las autoridades (ya sé que no me van a hacer caso: bonitos son los políticos y sus aparatos de propaganda): que nos ahorren el desagradable espectáculo de las muertes por violencia de género en los telediarios. El otro día fue muerto a tiros en la cama un empresario extremeño. ¿Fue noticia de telediario? No, fue noticia en los medios regionales. Pues lo mismo pido para la violencia de género. Lo actual no sirve de nada.

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