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Los vulnerables energéticos (publicado en HOY el 22-2-2007)

Amaina la ola de frío siberiano, que no deja de ser una suerte saber de dónde procede el frío: de

muchachos, en olas de frío como la actual, incluso más intensas, y más prolongadas, tiritábamos

de lo lindo, pero sin saber, ay, si el frío era siberiano o polar. Tampoco sabíamos nada de la

sensación térmica, de modo y manera que salíamos a jugar a la calle (antaño, los niños

estábamos todo el día jugando en la calle) y pasábamos un frío de padre y muy señor mío. El

caso es que ya por entonces yo notaba que los muchachos que llevaban abrigo, tenían como

menos frío que los que íbamos a cuerpo, con las calzonas hasta la rodilla, una camisetita de

tirantes, la camisa y el `jerselino ́(diminutivo de jersey). A lo mejor por eso es por lo que Curro

Romero pasaba tanto frió, en invierno, claro (biografía, por Antonio Burgos) cuando de muchacho

se dedicaba a las labores del campo, a pesar de que la cosa tenía lugar en la provincia de Sevilla,

finca de los Queipo de LLano. Posiblemente, Curro, un genio, no sólo del toreo, no sabía lo de la

sensación térmica y no sabía tampoco lo que años después, en Alemania, le dijera un lugareño

(en Alemania también hay lugareños) a un amigo mío, de visita invernal en aquel país: no existe el

frío, sino ropa insuficiente. Lo cual que eso de la sensación térmica me parece una filfa, y más

cuando se mide en grados centígrados: ¿cómo se puede medir en grados una sensación? Pues

nada, que se ha puesto de moda la sensación térmica y no sólo térmica: los del fútbol, sin ir más

lejos. Los del fútbol han cambiado la impresión por la sensación: ¿qué sensación te ha causado el

juego del rival? En fin, que qué gran diferencia entre la sobriedad del "hombre del tiempo" de

antaño, los hermanos Medina y compañía, y el "chou" que a diario montan los meteorólogos

televisivos de ahora.

Dicho lo cual, pasemos al "primum movens" de la cuestión: los vulnerables energéticos, que es

como ahora le llaman los políticos a los pobres de toda la vida, o sea, a los que no tienen para

pagar la luz, y han de alumbrarse con una vela, tal que hacía aquella pobre señora de Reus, a la

que habiéndole sido cortado la corriente por impago, la vela provocó un incendio que acabaría con

su vida. A raíz de tan lamentable suceso, el gobierno decidió que en adelante no le será cortada la

luz a nadie que no pueda pagarla, lo cual me parece de perlas: además de una medida de

elemental justicia social, no deja de ser el chocolate del loro: con apagar/encender el alumbrado

público cinco minutos antes/después, se ahorra energía suficiente para alumbrar a todos los

vulnerables de España. No obstante lo cual, tengo que decirles una cosa: si la señora de Reus

hubiese vivido en Cáceres, no habría muerto asfixiada: le hubiera pagado la luz, bien Cáritas, bien

la parroquia de San Mateos, que yo fui testigo de cómo el padre Paulino (ahora anda por Fuente

de Cantos), al acabar la misa, leía las cantidades que habían sido destinadas a pagar la luz a no

sé cuántas familias. ¿Qué sensación le ha producido?

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