LA ESPAÑA ABARROTADA
Agapito Gómez de la Villa
Publicado en HOY el 11-7-21
Ah, cuán engañados nos tenían los demagogos con lo de la España vaciada. Ha tenido que irrumpir la maldita pandemia para que nos enteremos de que todo era una grande falacia. España está llena de poblaciones de más de 100.000 habitantes, tanto en la costa como en el interior. En lo que a Extremadura respecta, el número de ellas es sorprendente. Moraleja, Torrejoncillo, Barcarrota, Valdelacalzada, Santa Amalia, Arroyo de la Luz, Casar de Cáceres (mi pueblo), Alcuéscar, ambas Malpartidas... (la lista sería interminable) son poblaciones cuyos habitantes se cuentan por decenas de miles. ¿Que no? Todas las localidades enumeradas, y muchas más, son, o han sido, confinadas en algún momento por tener altas cifras de contagiados por ¡100.000 habitantes! Engañados nos tenían, ya digo.
Por razones obvias, uno conoce mejor lo nuestro. Pero no sólo lo nuestro. En septiembre pasado, en los rótulos de un telediario pusieron una ristra de nombres de poblaciones de toda España que acababan de ser cerradas por su elevado número de ciudadanos infectados, la última de las cuales era....Sotoserrano, un pueblo salmantino cercano a la provincia cacereña. Lo cual que me encontré con mi colega Pedro Romero, natural del lugar: "Qué engañado nos tenías con que tu pueblo era muy pequeño, y resulta que tenéis más de 400 contagiados por 100.000 habitantes". "Qué va". "Mi pueblo apenas supera los 500, y los contagiados son 23". Y mi colega Romero me lo explicó todo: "Eso es una manera de expresarlo, y la cosa empieza a ser preocupante cuando se superan los 50 infectados por cada 100.000 habitantes". "¡Coño, pues bien podrían haberlo aclarado!"
Dicho lo cual, yo me pregunto: ¿no habría sido más sencillo decir 5 por cada 10.000? Tiene usted razón: es más inteligible cuando menos (en tanto por ciento, habría sido demasiado: 0,05%, o sea, cinco centésimas de persona por cada cien habitantes). ¿Y por qué se habrá hecho así? Mire usted, es que yo creo que a los epidemiólogos les sucede lo mismo que a los profesionales de la información, que cuando tienen que hablar de la capacidad de una piscina, en vez de hacerlo en metros cúbicos, como toda la vida, lo dicen en litros? ¡Un millón de litros!, en lugar de mil metros cúbicos. De cualquier manera, a mí me parece más enrevesado hacerlo sobre 100.000. Otrosí, la inmunidad de rebaño. No es por presumir, pero me dieron sobresaliente en la asignatura correspondiente. Pues bien, jamás de los jamases escuché en clase lo del rebaño. Lo cual me hace pensar que el tío que se lo haya inventado es un auténtico carnero modorro.
¿Pero no nos va usted a decir nada del pollo agropecuario que ha montado el ministro Garzón? Sí, claro. El señor ministro, que sabe leer de corrido, se ha hecho un lío monumental entre las innegables propiedades nutricionales de la carne y lo que decía el catecismo escolar: "Los enemigos del alma son tres: mundo, demonio y carne". Así me lo han contado.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...