A mí, lo de la guerra de Ucrania me tiene el corazón encogido: esos cadáveres asesinados y maniatados, me tienen consternado. ¿Por lo que dijo el clásico: “Nada humano me es ajeno”? No sé, no sé. Pero ni los tripletes de Benzema (maldigo a los del hat-trick) me hicieron olvidar tan horrible tragedia. A más del horror presente, no me gustaría que el día de mañana un niño ucraniano de hoy pudiera decirnos que si no nos daba vergüenza seguir de fiesta mientras ellos se morían de frío y de tiros en la nuca. En fin.
Mas como uno no puede hacer nada por detener la locura de ese hijo del peor Satanás, frío como un témpano, el tal Putin, con el fin de mitigar la desazón que me produce tanta crueldad, no me queda más remedio que tirar de las alforjas de la memoria, sección irónica. Alguien puede acusarme, y no le faltará razón, de hacer humor negro; pero ¿qué otro tipo de humor se puede hacer sobre la negrura que supone toda guerra?
Lo cual que de pronto me vienen a la cabeza las palabras del gran Neruda sobre su homónimo turco, Nazim Hikmet, comunista asimismo: <>. Toma ya. (No creo que lo escribiera influido por el imponente grupo escultórico que vimos aquella vez en San Petersburgo: uno de los más grandes asesinos de la historia, Stalin, conversando con uno de los más grandes poetas rusos, Pushkin).
Dicho lo cual, a la vista de los terribles sucesos que vemos a diario en la maldita guerra, me da a mí como la sensación de que los soldados rusos que han matado a los cadáveres maniatados, no parece que hayan leído mucha poesía. Es que no concibo a un amante de la poesía matando a sangre fía. ¿O sí? A este respecto, me viene a las mientes la conocida foto de nuestro Miguel Hernández arengando a sus compañeros de armas encaramado a un carro de combate, imagino que recitándoles alguno de sus rotundos poemas. Pues bien, comoquiera que no veo la manera de que un poeta ruso haga lo mismo con los soldados que están masacrando a la población ucraniana, se me ocurre que alguien, potente megafonía mediante, se dedique a leerles poesías a los soldados invasores, desde este lado de la guerra. Estoy seguro de que algo se podría conseguir. ¿No constituye acaso la poesía la exigencia más indispensable del alma rusa? ¿O no es así, señor Nazim?
Ah, y ya de camino propongo que se celebre en Kiev un “congreso internacional de intelectuales anticomunistas”, al modo del “congreso de intelectuales antifascistas” que tuviera lugar durante la guerra civil española y que tan buen resultado diera al bando republicano. ¿Qué les parece?
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...
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