Raro es el día que no se tiene conocimiento de los malos tratos que una mujer ha sufrido a manos de su marido, novio, amante, o lo que sea. Rara es la semana que no se tienen noticias de la muerte de alguna mujer a manos de..., o lo que sea. Es tal el cúmulo de información que, de un tiempo a esta parte, recibimos al respecto, que parece como si la cosa fuera de ahora mismo, cuando resulta que viene de la noche de los tiempos, y así seguirá por los siglos de los siglos, amén.
¿Que por qué soy tan pesimista? De eso ni hablar: yo no soy pesimista, Dios no lo quiera, soy realista. Es que locos los ha habido siempre, y mientras haya locos habrá mujeres que mueran a manos de los locos. Se pongan como se pongan las feministas, los políticos, los jueces y hasta el mismísimo sursuncorda. ¿Qué otra cosa sino un psicopatón ha de ser un tío que maltrata a su mujer? No digamos si llega al extremo atroz de matarla. ¿Por qué digo que son psicópatas? Muy sencillo. ¿Usted, amable lector, qué hace cuando comienza a llevarse mal con una persona con la que antes se llevaba bien? Alejarse de ella. ¿O no? Pues los maridos locos hacen lo contrario: continúan las relaciones con una persona a la que odian a muerte, nunca mejor dicho. Y así, claro, el día menos pensado, pasa lo que pasa.
Ya pueden endurecer las penas (me parece de perlas, para que encima no se rían de la fiesta), que cuando un psicópata está dispuesto a hacer de las suyas, no hay dios que lo detenga. ¿Disminuye acaso la criminalidad en aquellos lugares donde se aplica la pena de muerte? Vamos anda. Cuando un loco está en disposición de matar, en lo último que piensa es en que le van a echar el guante y luego lo van a dormir para siempre con la inyección ésa que se ha puesto de moda. Si ni tan siquiera es disuasoria la pena de muerte, esa monstruosidad, ¿cómo va a serlo la cárcel? “De la cárcel se sale, del cementerio no”, suele contestar el loco de turno a su compañera, cuando ésta le amenaza con la denuncia. Contra este tipo de psicópatas no hay leyes que valgan. Si acaso, valdrá la medicina del futuro. Pero cuán largo me lo fiáis.
En resumen: pegar a una mujer nunca está bien, diga lo que diga el grandísimo (actor) Sean Connery (hemeroteca): “Creo que no hay nada malo en dar una bofetada a una mujer de vez en cuando”.
Qué les ha parecido. Pues bien, lo que precede fue publicado aquí, tal cual, el 27/2/98: “De la cárcel se sale”. Lástima que Irene Montero no supiese leer por aquel entonces, no sé si ahora. Habríase enterado de que, hoy por hoy, no hay manera de atajar la loca violencia contra la mujer. (Lo veremos el año que viene, doña Irene.)
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...