Hoy, una semana de la apoteosis de la Argentina de Messi, que así dicen los del deporte (los modernos depositarios de la sabiduría), como si el resto de jugadores fuesen simples comparsas, contraviniendo de paso al gran Alfredo Di Stefano, el más grande de todos los tiempos, según cuentan dueñas: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. La otra finalista fue la France, que así lo escriben ellos, la France de Mbappe, claro está. Luego de 120 minutos corridos (nunca mejor dicho) de juego, el empate a 3 final hubo de ser resuelto mediante la lotería de los penaltis, cuyo premio gordo cayó de parte de la Argentina, momento en que se produjo una explosión de júbilo nacional: millones de personas enardecidas, cientos de heridos, tres muertos. Desde un puente, varios jóvenes se lanzaron, con mala puntería alguno, al autobús que trasportaba a los héroes. En tres o cuatro palabras: una verdadera locura colectiva. Y eso que fue por penaltis. Si hubiera sido de modo ‘ortodoxo’, ni pensar quiero la que se hubiese montado. ¿O da lo mismo?
Qué grande es la Argentina, pensarán todos y cada uno de sus nacionales, bueno, casi todos. No es para menos: once argentinos en pantalón corto, corriendo detrás de un balón, acaban marcando más goles que los once del equipo contrario, la Francia de Mbappe. ¿Hay algo más trascendente en este mundo? No me lo creo. Como para no enardecerse. Con tamaña pasión por el balón, no es de extrañar, que dicho país produzca tantos excelentes futbolistas. De ahí que los tres mejores jugadores de la historia sean argentinos: don Alfredo, Maradona y Messi. En efecto, la Argentina produce tantísimos futbolistas, que no caben en el país, de tal modo que se ven obligados a buscarse la vida en equipos extranjeros, perdón, internacionales (extranjero no es palabra ni política ni periodísticamente, correcta). La cosa llega a tal extremo que entre los integrantes de la campeona, no había ni un solo jugador que milite en un equipo argentino. No me digan que no es una lástima. Algún malpensado dirá que se van por dinero, pero yo no me lo creo. ¿Acaso juega por dinero Messi? Vamos, anda. No es verdad que a Messi le guste más el dinero que a un chivo la leche. Eso es una patraña.
Lo cual que me da mucha pena de que los futbolistas argentinos tengan que emigrar, teniendo como tienen unos clubes míticos a los que los de la barra brava, dedican casi tanta pasión como a la selección: Boca, River, San Lorenzo…, ninguno de los cuales, ya digo, aporta ni un solo jugador a la selección. ¿Se imaginan ustedes a la selección española sin ningún jugador del Barça, del Madrid, de Atlético de Madrid, del Valencia, del Sevilla, del Betis…?
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...