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EL JARDÍN DE MBAPPÉ

El magnífico futbolista francés, K. Mbappé, debiera haberse incorporado mucho antes al Madrid: tendría ya varias copas de Europa en su haber y así estaríamos todos más tranquilos. Ahora, con su llegada tardía, nos acaba de poner en un ‘membrete’ (“me puso en un membrete”, dijo un amigo). El hombre quiso decir, claro está, en un brete, o sea, en un aprieto, como Mbappé a nosotros. Todo el que viene al Madrid lo hace con la imperiosa intención de ganar una champion, al menos. Pero, claro, no todos tienen la suerte de Bellingan, el mejor jugador del mundo, con permiso, ya lo verán, de Arda Güler, ese niño turco excepcional. Bellingan llegó, vio y venció. Total, que por culpa de Mbappé, nos vamos a ver obligados/presionados a ganar la champion dos años seguidos otra vez. Como si eso fuera tan sencillo. Que le pregunten al City o al Bayer o al PSG. Lo malo es que un jugador de la categoría del francés no se va a conformar con una. Joder, Kylian, qué duro nos lo has puesto. Pero, además de glosar lo del ‘membrete’ y tal, yo quería aprovechar la ocasión para referirme al jardín de flores espinadas en el que se ha metido el gran futbolista (menos mal que se va a venir ‘pa’ España pronto): la apelación que ha hecho al electorado francés para que impida la llegada de la extrema derecha al poder. Cuán difícil me lo fías, admirado Kylian. La deriva hacia la derecha extrema del votante francés (aviso para navegantes) es algo que se veía venir. Hay que estar muy ciego para no darse cuenta de que Francia (no sólo Francia) tiene en sus intestinos un choque de culturas, la musulmana y la cristiana, de consecuencias imprevisibles, choque que ya ha producido alguna que otra ‘manifestación’ violenta. Para qué vamos a andar con rodeos: como es sabido, el mundo musulmán y el occidental son como el agua y el aceite (el agua y la sal, diría la ministra Montero, esa luminaria de la inteligencia y la oratoria) y, a lo que se ve, el asunto ya ha empezado a dar sus ‘frutos’, tal que han puesto de manifiesto las recientes elecciones europeas, y lo que te rondaré morena: Suecia, país donde todo estaba ‘permitido’, ya ha empezado la vuelta atrás. Ítem más: circula por ahí un vídeo en el que un jefe musulmán amenaza con todos los castigos del Corán al presidente Macron. O esto otro que profetizase un imán: “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres”. O sea, que ya saben. Como agua y aceite, insisto. He aquí un par de pinceladas. Una: los templos cristianos están constelados de imágenes de todos los personajes bíblicos y evangélicos; en el islam, toda iconografía está prohibida y castigada. Dos: el acto central, fundamental, esencial del cristianismo -la consagración- se hace con pan y vino; en el islam, el vino es una sustancia proscrita. ¿Hay quien dé menos? Kylian, debieras haber venido antes: tendrías varias champions y estarías en un jardín sin espinas.

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