Sé de buena tinta que lo primero que hacen los “imputados de la política”, que hubieran dicho en “Amanece que no es poco”, o sea, los epígonos de Sánchez, incluida María Magdalena (mi ‘prima’ Begoña), es leer mi artículo en el HOY los domingos por la mañana. ¿Que exagero? De eso ni parler. Decía yo el domingo pasado que lo mejor que pueden hacer los jueces es estarse quietecitos, que de nada servirá condenar a los seguidores de Pedro Sánchez (“Déjazlo todo y seguidme”, les dijo). Al final, ya lo verán, todos serán amnistiados. ¿No lo fueron, acaso, por delitos mucho más graves, gravísimos, los independentistas catalanes y los ‘eréticos’ andaluces? (‘erético’: dícese de los que participaron en los EREs)
Sin ir más lejos, Koldo. Acojonaditas que estaban sus veinte arrobas, vio el cielo abierto cuando, a la mañana siguiente de haber pronosticado este particular, en estas páginas, la venidera amnistía, empezaron los ‘sabios’ de las tertulias a decir lo mismo referido a Koldo en concreto: que Sánchez se lo habría prometido si mantiene la boquita cerrada.
Pero esta semana se van a fastidiar (con jota): no voy a hablar de ellos, sino de alguien muy distinto/distante, dónde va a parar: de la Virgen María, con perdón, que es tiempo de ello.
Fue el caso que el otro día voy y me encuentro en este periódico un recuadrito dedicado al vocablo “ea”: origen, significado y todo eso. Ésta es la mía, me dije. Es que tenía yo ganas de ajustar cuentas con el “manitas de plata” que tuvo la ocurrencia de meter el “ea” en la Salve: “Ea, pues, Señora”. Comoquiera que esa oración, como las otras, la aprendimos de niño antes de saber leer, la rezábamos como papagayos, sin saber lo que decíamos. No sólo de niños. Pregunten, pregunten a cualquier muchacho, o persona mayor incluso, qué rayos quiere decir el dichoso “ea”. Lo cual que me informo sobre el particular y me encuentro que viene de la versión latina de la Salve: “eia, ergo, advocata nostra”. Perfecto. ¿Pero no creen que habría quedado más natural de esta otra guisa?: “Así, pues, Señora, abogada nuestra”? Dónde va a parar.
Ya lanzados, sin permiso de los ‘Koldábalos’, me gustaría dedicarle, asimismo, unas palabritas al otro “manitas de plata” que puso el “dánoslehoy” en el Padrenuestro (no sabíamos leer, insisto), de modo y manera que toda la infancia me sonó, el “dánoslehoy”, a pan leudo (al diccionario). En Extremadura no somos de “leísmos”. Gracias a Dios que, si bien muchos años más tarde, a alguien con dos dedos de frente le dio por sustituirlo por algo inteligible: “Danos hoy el pan de cada día”. No saben la sorpresa que me llevé cuando en el libro de francés, 2º de bachillerato, seis décadas ya, me encontré la versión moderna del Padrenuestro, en francés, claro. Lo que no puedo explicarme es que hubiéramos de esperar bastantes años para ver lo propio en español: tanto “dánoslehoy” ni tanta leche.
(Hoy no hay tengo nada para Sánchez y sus discípulos. Lo siento).
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...