Jamás Extremadura estuvo tan presente en los hogares españoles como lo estuviere las semanas precedentes. Y todo porque a doña Guardiola le dio por convocar elecciones regionales. (Ibarra nos puso en el mapa, pero aquel mapa ya estaba borroso.) El momento cumbre llegaría con el recuento, cuando por primera vez en un siglo, el PSOE empezó a desplomarse en caída libre. Son tantas las ganas que el personal mayoritario le tiene a Pedro Sánchez (única manera de explicar tan excesiva derrota), que muchos televisores saltaron por los aires. Es que “el que siembra vientos, recoge tempestades”. Hela ahí.
La lástima es que haya tenido que ser por unos comicios caseros -me refiero a la ‘eclosión’ de Extremadura en España- cuando a nuestra tierra le sobran méritos históricos y de los otros, para que todos los españoles se supieran de memoria, no sólo los afluentes de sus poderosos ríos, sino el nombre de los regatos incluso.
Al grano: “Más de treinta entidades piden la creación del Instituto Extremeño de Estudios de América” (HOY). Ya iba siendo hora. Y mira que son abundantes los argumentos.
Para ir empezando: “La más grande, la más larga y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia”, dice el historiador norteamericano, Charles F. Lummis, de la obra de España en América. Y sigue: “Ninguna otra nación madre dio jamás a luz cien Stanleys y cuatro Julios Césares en un siglo (el XVI). Pizarro, Cortés, Valdivia y Jiménez de Quesada tienen derecho a ser llamados los Julios Césares del Nuevo Mundo y ninguna de las conquistas puede compararse con las que ellos llevaron a cabo”. Los tres primeros, extremeños.
Le toca el turno al profesor Ramón Carnicer, historiador y lingüista leonés que se pateara nuestra tierra de punta a cabo, años 80: “Ningún lugar como Trujillo para traer a la luz la acción colectiva más sensacional de la historia de España y, asimismo, la más trascendente y significativa de cuantas registra la historia universal”. Toma ya. “La presencia de los extremeños en la conquista es sin duda la más brillante y significativa. Bastará mencionar los más salientes y su principal campo de acción: Cortés en Méjico, Pizarro en Perú, Valdivia en Chile, Pedro de Alvarado en Guatemala y El Salvador, Hernando de Soto en Panamá, Nicaragua, la Florida y el Misisipi, Sebastián de Belalcázar (entonces ciudad extremeña) en Ecuador, Alonso de Mendoza, en Méjico y Perú y que fundó La Paz, Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico, Orellana, que descubrió el Amazonas…
Y ya para terminar, dice Carnicer: “Cuando se recorre Hispanoamérica, uno tiene la impresión, por la grandiosidad de sus templos, de que aquello fuera la metrópolis y no una dependencia colonial”. Pues bien, el arquitecto de buena parte de tan magnificentes templos fue un trujillano; Francisco Becerra.
Que me perdone Pedro de Lorenzo, pero, al ser de casa, sus loas tienen menos mérito. Aunque al final va a tener razón: “Extremadura, la tierra donde nacían los dioses”.
Así que ya están poniendo en marcha el Instituto Extremeño de la Hispanidad.
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...