¿Un tío que mata a sus criaturas sigue perteneciendo a la especie humana? A mí me da que no. Un tío que mata a sus criaturas, por muy ‘vicaria’ que sea la motivación, ha pasado al otro lado de la raya: la que delimita la pertenencia a nuestra especie. Aunque el individuo siga teniendo forma humana. Todo tiene un límite. Supongo que ya saben adonde voy. En efecto, estoy en contra de la pena de muerte: en las personas. Por el contrario, no me parece ninguna aberración el hecho de sacrificar a un perro, uno de esos perros horrorosos que deshonran a la adorable especie canina, que acaba de destrozar a dentelladas a una persona. El que quiera entender que entienda. Uno no acostumbra a amargarle la vida al personal (detesto a los periodistas tóxicos) con asuntos como el precedente, pero era ‘inevitable’ dedicarle unos renglones al atroz suceso de las niñas tinerfeñas. Ah, me ha gustado mucho lo que ha dicho la esposa del joven conde-duque de Galapagares: lo de la justicia feminista y todo eso. Pero no sé qué clase de justicia sea. Tendré que preguntarle a una juez con la que tengo amistad. Ganas me dan de seguir hasta el final por esta senda. Pero yo no he venido aquí a darles el domingo. Aunque después de esto, a ver quién es el guapo que cambia de registro sin que le chirríen las cuadernas al artículo ‘primigenio’. Helo aquí.
Al fin lo he visto claro. Fue el otro día al escuchar la enésima intervención, cartesiana, clarividente, precisa, de la Ministra de Hacienda y Portavoz del Gobierno. ¿Cómo es posible, me dije, que en unos tiempos en que los medios no hablan de otra cosa que no sea de todo lo relacionado con la enfermedad vírica, Pedro Sánchez haya desperdiciado los conocimientos científicos de una Licenciada en Medicina, que encima atesora una oratoria tan brillante como la de Antonio Ozores en el “Un, Dos, Tres”? Inconcebible. ¿Saben ustedes cuántos expertos han sido consultados, en España, por los distintos medios, acerca del virus chino, que dijo Trump? (al final va a tener razón: parece que salió de un laboratorio). Así por encima, no menos de medio millón. Pues bien, si la doctora Montero hubiese sido la ministra de Sanidad, habrían sobrado todos. Con ella y el doctor Simón, el Demóstenes de la Epidemiología, nos hubiese bastado para tener una información clara y veraz. Acontecimiento grandioso habría sido ver, mano a mano, a doña María Jesús y a don Simón, aleccionándonos sobre la pandemia. Una lástima.
Siguiendo con la pandemia: ¿no les ha sorprendido la extraordinaria aceleración de la vacunación? Tiene su explicación: ¿se imaginan el lío que se habría montado de haber coincidido en el tiempo los pueblos perimetrados con los incendios perimetrados? Es lo que tiene dejarse fascinar por una palabra. El otro día dijo uno, un genio sin duda, que Dinamarca ofrece un fútbol propositivo (sic).
(Tomás Gimeno había pasado al otro lado de la raya.)
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...