TRUJILLO, DIAMANTE NATURAL
Agapito Gómez de la Villa
Mire usted, el asunto de Cataluña hace tiempo que lo tengo yo en los calcañales. Estas páginas han sido testigos de lo que digo. Y no es que uno sea muy listo: es que la cosa estaba cantada desde el “minuto cero”, que se dice mucho ahora. En efecto, desde que los nacionalistas/independentistas (son lo mismo) se dieron maña de meter en la Constitución la infame ley ¡anticonstitucional! que consagra el valor quíntuple, como mínimo, del voto nacionalista, la suerte estaba echada. Únanle a lo anterior el vicio que cogieron todos los gobiernos de Madrid, sin excepción, de ir cediendo a las insaciables reivindicaciones de los soberanistas, a cambio de su puñado de votos, y ahí está el resultado. Y lo que es peor: sin posible vuelta atrás. Está tan enraizado el sentimiento separatista (cuarenta años de pujolismo escolar dan mucho de sí), que a ver quién es el guapo que es capaz de revertirlo. Con indultos o sin ellos. Y aquí viene al pelo (está todo inventado) la famosísima ranchera mejicana. Canten todos conmigo: “Con indulto o sin indulto, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la leyyyyy”. Así es: en Cataluña, hace tiempo que no rige otra ley que no sea la de los independentistas. ¿El ejército? Calla, hombre. A estas alturas de la competición, ni pensar en esa solución. Y para más inri, ni tan siquiera podemos apelar al llamado “Pacto de la Corona”, del que hablase en su día el bicho más malo del mundo, quién va a ser, Arzallus, (detrás va Pujol, en maldad): la Corona como único nexo de unión. Con su buena intención, don Felipe (el mejor Borbón de la historia, con diferencia; hay saltos en la biología), cuando aquella noche de octubre quiso arreglar la situación, lo único que consiguió fue encanallar más la cuestión. Desde entonces, los independentistas no quieren verlo ni en pintura. Dije en su día que íbamos abocados a una Monarquía Federal, sí. Pero ahora, con los ‘serbios’ envalentonados, ya no lo tengo tan claro. Justo ahora que tenemos un rey como Dios manda…
¿Pero no había venido usted a hablarnos de Trujillo? Claro que sí. De la fábrica de diamantes que allí va a ser instalada. Dicen que los diamantes trujillanos serán idénticos a los naturales. No me extraña, dado su lugar de nacimiento. Van a salir de un diamante natural: Trujillo. “Después de viajar por todo el mundo, decidí conocer profundamente la península ibérica, y me encontré con maravillas como Cáceres, Trujillo y Salamanca”. He ahí el diamante entre diamantes. Lo dice el hombre más inteligente que en su vida conoció Umbral, y mira que conoció a gente de todo jaez, vulgo pelaje: Salvador Pániker, ingeniero, filósofo, profesor, escritor, de to. Fíjense si era inteligente, que siendo hijo de madre perteneciente a la más rancia burguesía catalana, no fue ni catalanista. Es más, fue diputado en las filas del gran Adolfo Suárez, la UCD, partido nodriza de mi amigo TMT.
Diamantino Trujillo, afirmo.
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...