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SOIS UNOS PANOLIS

SOIS UNOS PANOLIS Agapito Gómez Villa “Queridos políticos: en confianza y cordialmente, sois unos canallas”. Por no haber traído a Extremadura el tren que se merece, o sea, el manoseado tren digno. Mucho me extrañaba a mí que un hombre del talento, la educación, la sensibilidad y la moderación de Luis Landero pudiera proferir tamaña invectiva (más elegante que insulto) contra los políticos regionales, y para más inri, en el acto institucional más relevante del año. Ha dicho Luis que lo siente mucho, que él no se refería a los mandamases regionales, cuyo poder de decisión es muy limitado, sino a los políticos de Madrid, que de siempre han tratado a Extremadura como una comunidad de tercera. ¡Ahí está! Sea como fuere (yo creo que el discurso, bello como todo lo suyo, lo escribió un rato antes y no volvió a leerlo), no puedo estar más de acuerdo con él. Sin embargo, pienso para mí que algo de culpa han de tener los presidentes allí sedentes, en la primera fila del esplendente, majestuoso, imponente, teatro romano emeritense. Me explico. Es lo de Larra, que tú sacaste a relucir, amigo Landero, la noche de autos: los extremeños somos “obsequiosos, nobles y pacíficos” (lo otro: “indolentes, perezosos, hijos del clima”, lo serían sus primos, que estarían tan tontos como él, por muy bien que escribiera). Lo cual que con el pecado llevamos la penitencia: somos los ciudadanos más pacíficos del mundo, incluidos nuestros políticos, claro está, que también son ambas cosas: extremeños y ciudadanos. ¿O no? Me da como la sensación de que si alguien hubiese colocado, Dios no lo permita, un cartuchito de dinamita en las inmediaciones de la vía, otro gallo nos hubiese cantado. He dicho Dios no lo permita (yo tampoco soy creyente, por desgracia), porque es tal la aversión que siento hacia todo tipo de violencia, que, parafraseando al almirante Méndez Núñez, prefiero honra sin tren, que tren sin honra. Si a eso le añadimos la obediente disciplina, rayana en el servilismo, de los gobernantes autonómicos hacia los jefes de Madrid, entonces apaga y vámonos. Y pensar que un solo diputado de un partido regionalista habría bastado para que, tiempo ha, hubiésemos tenido un tren ‘honrado’, ay. Por cierto, ya es hora de que les diga que Luis y yo nos repartimos en su día los papeles. Acordamos que él, extremeño de Madrid, se encargaría de atacar por la parte del tren, cuya vida depende del gobierno central, y que yo, casareño de Cáceres, o cacereño del Casar, lo haría por la no-autovía Badajoz-Cáceres, esa vergüenza, cuya gestación dependió de la Junta, ¿verdad, señor Ibarra?, hasta que Ábalos se la ‘compró’ a ‘González’ Vara. “Tú di que los políticos regionales son unos panolis”, me aconsejó el gran escritor A propósito del tren. ¿Se imaginan ustedes a un trabajador de la factoría de los trenes, diciéndole a un amigo: “Le estamos haciendo un tren digno a los extremeños?” ¡Ni tren digno ni leches: un tren como Dios manda, coño!

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