EL DESEO INTERMINABLE
Agapito Gómez Villa
Aula HOY, conferencia del profesor José Antonio Marina. Presentación de su última obra, “El Deseo Interminable”, que promete ser una joyita, como todo lo suyo. “No me ha interesado nunca la universidad”, dijo. Por eso siempre fue profesor de instituto, en lo cual viene a coincidir con otro genio, Salvador Pániker: “Lo importante es un buen bachillerato; lo demás es puro trámite” (sic). ‘Me adhiero casi con violencia’ (Cela) a lo de Pániker: este particular, todo lo aprendió en “El Brocense” de Cáceres. Dijo, asimismo, el profesor Marina que dar clases a los universitarios es muy sencillo: sueltas la lección y aquí paz y después gloria (no estoy totalmente de acuerdo, pero se lo perdono). En lo que sí estoy a tope es cuando afirma que lo verdaderamente importante es la educación secundaria, para lo cual no basta con enseñar, sino que hay que asegurarse de que el alumno ha aprendido. Ítem más: dicha labor incluye además un aspecto primordial: el conocimiento de las vicisitudes personales de cada muchacho. ¿Hay acaso algo más trascendente que eso? ¡Vamos anda!
Tengo escrito en estas páginas, por activa, por pasiva, e incluso por perifrástica, que el día que me nombren presidente del gobierno, ya falta menos, lo primero que haré será firmar el siguiente edicto: “Se hace saber que, de ahora en adelante, los profesionales mejor pagados serán los enseñantes”. Ni presidentes, ni alcaldes, ni ministros, ni consejeros, ni directores generales, ni jueces, ni nadie. Lo primero es lo primero: no hay labor que más enriquezca a una sociedad que la instrucción de sus ciudadanos. ¿Me entienden, verdad? Reto, pues, a que venga alguien a demostrarme lo contrario. En cuyo caso, le daría en la cabeza con el libro de Nuccio Ordine, “La utilidad de lo inútil”, universal ensayista italiano, cuya tesis viene a coincidir con la de nuestro brillantísimo Marina, a saber: ”Las mejores cabezas de la sociedad debieran dedicarse a la enseñanza, para lo cual se necesita dinero”, dijo Ordine en Rne no ha mucho. O sea, que vino a decir lo mismo que uno viene diciendo en estas páginas desde hace varias glaciaciones.
Llegados a este punto, uno se pregunta: ¿cómo es posible que algo tan trascendental, fundamental, elemental como lo que acabamos de glosar no haya sido tomado en cuenta por los gobernantes de todo jaez? Porque los gobernantes son casi todos canuto-negativos, dirá más de uno. Aclaración: canuto-negativo es aquel al que se le entrega un canuto y un lápiz y es incapaz de hacer una ‘o’. He ahí una poderosa razón para que la instrucción se convierta en el “primun movens” de toda sociedad.
En fin, que me ha gustado mucho que le concedan el Princesa de Asturias a un gran ensayista italiano, que piensa lo mismo que uno acerca de la importancia de la enseñanza. Igual se acuerdan de mí un año de éstos.
- ¡Pero si no se lo dan ni a Sabina ni a Serrat, cómo se lo van a dar a usted!
- Pues no había caído, mire usted.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...