QUE TE VOTE TXAPOTE
Agapito Gómez Villa
No soy yo muy partidario de tratar asuntos tan controvertidos, que ustedes no saben lo que es escribir en la provincia. Empezaremos por Albert Camus: “todo está dicho, pero hay que recordarlo, porque a la gente se le olvida”. Txapote es un abominable, execrable, repugnante asesino, que le metió dos balas en la nuca a un muchacho arrodillado y esposado, Miguel Ángel Blanco.
Lo de “que te vote Txapote” es la acertada rima que el personal se ha inventado para recordarle a Pedro Sánchez su ‘matrimonio’ con el partido de la eta. Pues bien, Sánchez gobierna gracias a Otegi, porque Bildu es tan legal, sí, como el PP y como el PSOE. Y todo por mor de un ‘edicto’ del Tribunal Constitucional (‘Contitusional’ para Alfonso Guerra), que se cargó de un plumazo la sentencia del Tribunal Supremo, ¡todavía en vigor!, que declaraba fuera de la ley a todas las marcas de eta.
Llegados a este punto, Pedro Sánchez, al que le gusta el poder más que a un chivo la leche (demostración hecha ante notario) no le tembló el pulso a la hora de apoyarse en lo herederos del terrorismo para ser investido presidente, misma razón por la que se echó en brazos de Junqueras, irredento independentista (“lo volveremos a intentar”), cuya intención primera y última es la independencia de Cataluña, pero cuyo partido es, asimismo, tan legal como cualquier otro, gracias a la Carta Magna. ¿Carta Magna?
Al grano. ¿Cómo es posible que el partido socialista haya dado la consigna a sus cuadros, lo sé de buena tinta, de que vayan predicando por todo el mundo la demonización, descalificación, denostación de un partido cuyas cuadernas ideológicas son la unidad de España, la libertad individual, y el respeto a la propiedad privada? Vox. Hay que tener cara dura para pactar con los “enemigos de España”, sí, y al mismo tiempo poner el grito en el cielo cada vez que se habla de los posibles pactos entre ambos partidos de la derecha, uno de los cuales tiene en sus filas a Ortega Lara, quien fuera condenado a muerte por los socios de Sánchez. Sinvergonzonería se llama esa figura.
Y hablando de Sánchez. Rosa Díez ha escrito un libro en el que lo pone guapo, más de lo que es. Lo de la triada oscura y todo eso. Uno, como médico, quisiera aportar su opinión al respecto. Sánchez no es un mentiroso compulsivo, es que le tiene pánico a la verdad: siendo niño, un día se encontró con una verdad en un rincón del cuarto de baño, y le produjo tal pánico que desde entonces no ha vuelto a saber nada de ella. Lo de hacer promesas por doquier y no cumplirlas después, es debido a su gran formación helenística: “Cuando estés en peligro, promete”, dijo uno de los siete sabios de Grecia. He ahí la explicación de lo suyo.
En resumen: Sánchez gobierna gracias a una Constitución que lleva en su entraña la destrucción de España, rima incluida. Lo vote Chapote o lo vote Chicote.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...