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MONAGO Y VARA, AL SENADO

A Monago me lo quieren llevar al Senado (‘Senao’ según Felipe González). Y a Fernández Vara también. Lo del primero me parece normal, pues que se trata de un señor que, tiempo ha, está amortizado y en alguna parte habría que colocarlo: daría no sé qué verlo de nuevo con el casco y la manguera. Lo del segundo, la verdad, me parece un castigo. Una persona que ha sido presidente hasta hace cuatro días y que acaba de ganar las elecciones (lista más votada), creo que yo que se merecía algo mejor: una sillita en el Congreso, por ejemplo ¿Por qué lo del castigo? Muy sencillo: porque el ‘Senao’ es una cosa/casa que no sirve para nada, absolutamente para nada. Irrelevante en cualquier caso, bueno, excepto la hermosa piscina que construyeron en sus interiores, que debe ser una maravilla, a juzgar por los dineros que costó. Ay, qué sería del ‘Senao’ sin la piscina. No me imagino yo a los ‘senaores’ y ‘senaoras’ ‘senando’, perdón, legislando a calzón quitao, sin haber tomado previamente las aguas. He dicho que es una cámara irrelevante, por no decir superflua, o sea, inservible, a la que nadie quisiera pertenecer ‘motu proprio’. ¿Ustedes creen que si se le diera a elegir entre ambas cámaras, alguien se inclinaría por la Cámara Alta? Vamos anda. ¿Acaso se están tirando de los pelos por un puesto en el Senao las “alegres comadres” de Pablo Iglesias? Anda p’allá. Ítem más: el Senado no sólo es irrelevante, sino que, como cámara de representación autonómica que es, en ella tuvo lugar uno de los episodios más bochornosos, vergonzosos, avergonzantes, humillantes, indignantes que uno ha podido contemplar: un sevillano nacido en Ceuta, Manuel Chaves, escuchando, auriculares mediante, la intervención en catalán de un cordobés nacido en Iznájar, José Montilla. No faltará el que quiera venderme la burra ciega de los idiomas patrios, tan respetables, pero teniendo como tenemos un idioma común, que, para mayor abundamiento, es una de las lenguas más habladas del mundo, haber llegado a los auriculares se me antoja de una gravedad tan insoportable, que por eso, sólo por eso, el ‘Senao’ merecería haber sido ‘cerrao’ a cal y canto. Para los restos. He dicho antes que el Senao no sirve para nada, pero tengo que pedirles disculpas: sirve, mayormente, para premiar a todos los que ya han dejado de servir para algo, y para colocar a los que no tienen cabida en el Congreso. Sesenta millones anuales nos cuesta la broma. Si al menos tuviera la producción legislativa que tienen los cientos de parlamentos regionales, inagotables fuentes de leyes inmarcesibles, dicha pila de millones se daría por bien empleada. En fin, que puestos a cerrar los miles de chiringuitos creados por las izquierdas, bien podrían aprovechar y llevarse por delante el chiringuito por antonomasia, el Senao. El dinero ahorrado nos vendría muy bien para la carretera Cáceres-Badajoz. Aunque ya hasta disfruto con los semáforos. Señores profesionales de la cosa política, aquí entre nosotros: ustedes creen que los ciudadanos somos todos gilipollas, ¿verdad?

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