AQUELLOS VEINTINUEVE SEGUNDOS
Agapito Gómez de la Villa
En estos días, el personal en general, la oposición mayormente, no han hecho otra cosa que
preguntarse por qué Pedro Sánchez ha tardado en dar la cara sobre lo de Afganistán: crisis bélica,
política, humana, de consecuencias imprevisibles. Sin ir más lejos, anteayer este periódico titulaba
"Sánchez reaparece en medio de la avalancha de críticas por su silencio". Ayer, más de lo mismo
en periódico de la capital: "Sánchez aprovecha la cumbre de la Unión Europea para sacudirse las
críticas". No es para menos.
Mañana, cuando este escrito vea la luz, ya se habrá celebrado dicha cumbre, en la que todo el
mundo habrá escuchado, "la bouche ouverte" (haber estudiado francés), a nuestro valorado
presidente. No sabemos si en dicha reunión se descubrirá o no el pastel, o sea, la tardanza de
Pedro en decir su palabra. Pues bien, se descubra o no, este humilde columnista está en
condiciones de hacerlo. Ahora mismo.
Tal que decía el viernes este periódico, dieciséis son los afganos censados actualmente en
Extremadura. Pues bien, uno de ellos, con el que mantengo amistad, tiempo ha (las razones no
vienen al caso), es el que me tiene al tanto de todo lo relacionado con su convulso e indómito
país. ¿Se acuerdan ustedes de aquellos escasos treinta segundos en los que Pedro Sánchez
caminó junto a Joe Biden, cuchicheándole algo al oído, y que fue el hazmerreír de todos los
medios? Ahí está el quid: "Saque usted las tropas de Afganistán, que aquello es una ratonera
incontrolable". ¿Y cómo se ha sabido eso? Muy sencillo: mis paisanos afganos leyeron los labios
del presidente español. ¡Pero cómo: si llevaba la mascarilla puesta! Para vosotros los occidentales
eso es imposible, pero para mis compatriotas es una cosa corriente: llevan toda la vida leyendo
los labios de las mujeres a través del burka. ¡Ahora me lo explico! Sí, por eso los jefes talibanes
están muy preocupados por lo que pueda decir ahora Pedro Sánchez: tienen miedo de que ante la
terrible situación actual, le diga a Biden que dé marcha atrás. Ustedes los españoles no saben
que, por ahí fuera, al presidente Sánchez se le considera un gran estadístico. Estadista querrás
decir. Eso.
¿Entienden ahora, amables lectores, la tarda aparición de Pedro Sánchez? Está/estaba
asustado, con jota, por la que se puede armar cuando el mundo se entere de que fue su consejo
al anciano Biden el desencadenante último del tsunami talibán de represión y burkas. Pues ya lo
saben (lo de 'olvidarse' de España en la lista de países que han colaborado en la evacuación, es
una burda argucia).
Y quiero decirle otra cosa, don Agapito. Ha caído muy mal entre los líderes talibanes el titular de
un periódico de aquí: "El clamor desde Extremadura por las mujeres afganas". En mi país se está
muy pendiente de todo lo que viene de estas tierras que fueron moras tantos siglos, y por eso ha
dolido tanto lo de las feministas. No me extraña, Abdul.
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...