MENS SANA IN CORPORE SANO
Qué dirían los romanos, si se enterasen de lo de la gimnasta americana. Cuando en Olimpiada
previa, cierto deportista declarase que le había pasado por la cabeza el suicidio, le dediqué un
artículo en estas páginas (los medios de comunicación pasaron todos sobre ascuas), que al fin y a
la postre vino a resultar premonitorio de lo que ha sucedido con la Simone Biles, la joven que ha
abierto la caja de Pandora olímpica, la atleta que ha dicho basta, que ya no puede seguir
soportando tensión tan atroz, a la misma que están sometidos todos los deportistas de alta
competición, sin excepción. ¿En qué rincón de la Olimpiada queda la "mens sana"? ¡No existe!
Ahora sí. Ahora, con lo Simone Biles, los medios de comunicación -no todos- se han hecho eco
del asunto, y le han dedicado unos minutitos al particular, sólo unos minutitos, por razones
económicas, supongo: han sacado incluso a relucir al Iniesta del mundial de Sudáfrica, cuando
acabó convertido en una piltrafa humana. Pero no han recordado lo de Ronaldo el Gordo, que se
puso a vomitar en el vestuario como una preñada reciente, minutos antes de salir a jugar la final
de un mundial (se comentó que sufrió un episodio de desfallecimiento 'cuasi' epiléptico).
¿Que no soy partidario de la práctica deportiva? Calla, mujer. Nada más lejos de la realidad. No
hace falta ser médico para saber que la actividad física, moderada y regular, es la mejor y mayor
fuente de salud "física y psíquica" que existe. Insisto: moderada y regular. Ustedes perdonen:
conozco incluso cuáles son los núcleos del encéfalo que propician la "mens sana" que
prodigiosamente intuyeran los latinos. Ítem más: después de muchos años recetando pastillas, he
llegado a la siguiente conclusión: el mejor medicamento que existe (y el más barato) es caminar
(correr despacio, el que pueda) una hora diaria. No más. A ese fármaco no llega nada. Ah, y sin
efectos secundarios. Ése 'fármaco' sí que proporciona la perseguida "mens sana", en un cuerpo
más o menos sano: previene y/o retrasa todos los achaques que, más tarde o más temprano,
acabará acarreando la edad. Pero mientras llegan, la persona vive mucho mejor. Dónde va a
parar. De ahí, a la tortura a la que son sometidos los deportistas de la llamada alta competición,
hay un inmenso trecho: el que conduce a la enfermedad psíquica. Pregunten, pregunten a una
persona tan sensata como Iniesta, que habla mejor el español que Simone Biles. Más de uno
pensará que Iniesta, Ronaldo el Gordo y la gimnasta americana son casos excepcionales. En
efecto, son casos excepcionales, pero no dejan de ser la parte del iceberg de una enorme masa
continental enferma y sumergida. Al tiempo.
Sabido es que las Olimpiadas fueron inventadas por los griegos, pero no se recuerda que
Píndaro, el poeta de los atletas, dijera que entre ellos había mucho desquiciado mental.
Marchando una Olimpiada 'a la griega'. Al menos ellos se daban una tregua en las guerras.
Eso es precisamente lo que están investigando y difundiendo las muchachas de Igualdad, el ministerio de doña Irene Trans, perdón, Montero, las jóvenes científicas que trabajan en el LISMI (Laboratorio de Investigaciones Sexológicas del Ministerio de Igualdad), al frente del cual se encuentra una señora que se hace llamar Pam. El sexo cuántico, o sea (no confundir con el sexo tántrico, el de Sánchez Dragó). Que qué rayos es el sexo cuántico. Muy sencillo: el sexo llevado a sus últimas minuciosidades, un suponer, el sexo durante los días ‘enrojecidos’, así como la exploración de otros ‘agujeros negros’ de la galaxia femenina, etc. Que por qué el nombre de cuántico. Porque es lo más parecido a la llamada mecánica cuántica. O sea, el sexo de lo minutísimo. Me explico. Así como existe una parte de la física que se ocupa del macrocosmos, al que dedicó sus poderosas neuronas “el más grande”, Albert Einstein (“la más grande” es Rocío Jurado), con su asombrosa teoría de la relatividad, e...