Lo dijo el otro día Pedro Sánchez: “El Fiscal G. del Estado defendió la verdad. La que tiene que pedir perdón es Díaz Ayuso”. Bien dicho, sí señor. Qué trabajo le costaría a la presidenta de Madrid pedir perdón. ¿De qué? Eso es lo de menos. Pero un mínimo de compasión, o si prefieren de consideración/conmiseración con el presidente del gobierno, no estaría nada mal. Que sí, que el único pecado de Díaz Ayuso fue no preguntarle a su pretendiente si tenía algún problema con Hacienda (insisto: para mí, lo peor fue lo del Maserati de segunda mano). Pero eso no es óbice ni cortapisa para que se baje de la burra y, aunque sólo sea por caridad, le eche una mano a Pedro, tal que se hizo de toda la vida entre compañeros: hoy por ti, mañana por mí. Lo de compañeros lo digo porque ambos son presidentes. Ah, y con otra cosa en común: ¡ambos tienen a familiares imputados!, procesados, decía mi madre, bajando la voz, cuando algún vecino con la caza furtiva. ¿No son, acaso, razones suficientes?
No me gustan las personas insensibles, Isabelita. Y tú te estás comportando como tal, ante un hombre asediado por los cuatro puntos cardinales (cinco según Maduro). Caso Begoña, Caso Viagra, perdón, Azagra, caso Ábalos, Caso Cerdán, caso Koldo, caso Spanair, caso Plus Ultra, caso hidrocarburos, caso Salazar et all, caso Leire y cía, y así, hasta el final de la página, o más. Todo eso ha caído sobre las espaldas de Pedro Sánchez, sin comerlo ni beberlo. De seguir a esta marcha, acabará siendo relacionado con la muerte de Paquirri (lo de Manolete está ya muy manoseado). Y tú tan tranquilita, con un solo casito: el casito novio de Ayuso.
¿Que falta lo de García Ortiz? Ahí quería yo llegar. Ése es el único caso que te roza de ‘raspajilón’ (perdona, Isabelita, pero pienso yo que algún roce, no digo que impuro, tendrás con tu novio, vamos), te decía, Isabel, que ése es precisamente el asunto para el que Pedro te pide ayuda. Ya sé que es muy duro que dicho señor quisiera llevarse por delante a tu hombre, pero de ese modo, tu perdón tendría más mérito. ¿Es que no te da pena de que Pedro, cual Cristo contemporáneo, con perdón, tenga que cargar con las culpas de todo el género humano socialista?
Luego está lo otro. Tú sabes, niña Isabel, que yo fui una temporada médico de la institución penitenciaria. Tal vez por eso, nada de aquel mundo me es ajeno, y por tal me ha venido a las mientes una situación similar a la que hubo de vivir un amigo íntimo, a saber: en el caso improbable, pero no imposible, de que Isabel y Pedro se encontrasen en los locutorios de Soto del Real, de visita a un familiar, sería muy lastimoso que no se dirigieran la palabra.
Hazme caso, Isabel. Pide perdón, aunque sea al frío viento de la sierra de Madrid. Lo de Pedro ya es demasiado. Un poquito de compasión con él, mujer.
Lo del vicio que ha cogido Trump con las dictaduras comunistas de Hispanoamérica, todo el mundo lo tiene claro: se lo ha metido en la cabeza un muchacho listo y espabilado, Marco Rubio, ministro de Asuntos Exteriores, hijo de cubanos exiliados a la parte de Miami, que conoce el paño como nadie. Bien. Pero lo que poco personal sabe es a cuento de qué al marido de Melania se le ha metido Groenlandia entre ceja y ceja: “O por las buenas, o por las malas, tengo que conseguirla”, ha afirmado, con esa manera tan florentina que gasta. Por lo visto, lleva ya tiempo buscando la manera de contrarrestar/frenar el creciente dominio de rusos y chinos sobre el Círculo Ártico y aledaños. ¿Y si yo le dijese, amable lector, que la idea de hacerse el amo de isla tan extensa, tan helada y tan abandonada, le vino a la cabeza leyendo a Cervantes? Como me lo cuentan, se lo cuento. Por los tiempos de la Olimpiada de Barcelona, Melania vivió una temporada en Cerdañola del Vallés. Veintidós añitos t...